La jornada había transcurrido con relativa calma. La visita del presidente José Antonio Kast apenas se supo el miércoles, pasadas las 18:00 horas.
Por Joaquín López Barraza
Y no era una visita cualquiera. El encuentro de alcaldes había estado marcado por críticas transversales al Ejecutivo. Incluso el alcalde de Zapallar y presidente de la asociación, Gustavo Alessandri, había sido particularmente duro respecto a la eliminación de las contribuciones.
No porque considere equivocada la medida, sino porque nadie tiene claridad todavía sobre cómo se compensarán esos recursos a los municipios. Por eso la confirmación presidencial tuvo algo de improvisación y mucho de necesidad política.
El encuentro en sí no había despertado demasiado interés ciudadano durante sus primeras jornadas. Pero cuando un Presidente anuncia una visita a regiones, la ecuación cambia. Llegan simpatizantes. Llegan detractores. Llegan curiosos.
La fiesta fue llevada en paz. Relativa paz. El único altercado previo al arribo presidencial fue protagonizado por un adulto mayor que vestía una polera de Salvador Allende.
Funcionarios policiales intentaron convencerlo durante buena parte de la mañana para que abandonara el perímetro de seguridad instalado frente al Teatro Centenario, pero él se mantuvo firme.
Poco a poco se ganó el respaldo de los primeros manifestantes apostados tras las vallas papales. Pasado el mediodía ya comenzaba a formarse una pequeña concentración.
Y cuando finalmente apareció, cerca de las 15:15 horas, los vitoreos fueron pocos y los abucheos abundaron.
Es cierto que tenía simpatizantes. También había curiosos y observadores neutrales. Pero el ruido, y no era poco, estaba claramente del lado de quienes cuestionaban la visita.
Dentro del teatro tampoco encontró un ambiente particularmente cómodo. Antes de que tomara la palabra, Kast debió escuchar la intervención de Alessandri, quien llamó al Ejecutivo a escuchar a los municipios y trabajar en conjunto.






























