Una década marcada por la escasez hídrica y el impacto del reciente sistema frontal sumado a los deshielos, el embalse Puclaro alcanzó el 51,5% de su volumen útil.

Joaquín López Barraza

El embalse Puclaro volvió a superar la barrera de la mitad de su capacidad máxima, un hito hídrico que no se registraba en la cuenca del Elqui desde el año 2016.
La recuperación del volumen acumulado, impulsada por las lluvias del invierno y el inicio del periodo de deshielo en la alta cordillera, cambia el panorama para los sectores productivos de la zona, pero también exige un manejo riguroso de los cauces ante la posibilidad de que la obra alcance su llenado total hacia fin de año.
Sobre estos avances y los desafíos pendientes conversa con Diario La Región el gerente e ingeniero repartidor de la Junta de Vigilancia del Río Elqui (JVRE), Álex Cortés.

¿Cuál es la cifra actualizada al día de hoy del volumen acumulado en el Puclaro y hace cuántos años que no se alcanzaba este nivel?
«Hoy día tenemos 103,7 millones de metros cúbicos en el embalse Puclaro, lo que representa un 51,5% de su capacidad total. En el caso de La Laguna, tenemos 13,8 millones de metros cúbicos, equivalente a un 36%. Volúmenes de esta magnitud no se daban desde el año 2016, es decir, hace 10 años».

Con estas cifras, existe la proyección de que el embalse podría llenarse a comienzos de diciembre. ¿Qué ocurriría técnicamente si el Puclaro llega al 100% antes de que termine el proceso de deshielo?
«Ese flujo sobrante va a pasar por el vertedero lateral. Este es un embalse de última generación; la gran mayoría de los embalses construidos en la región desde la década de los 90 en adelante poseen un vertedero lateral.
No así el embalse La Laguna, que por ser de una generación más antigua tiene un morning glory, que es una especie de embudo por donde evacúa el agua.
En el caso del Puclaro, la capacidad máxima de evacuación es de 2.300 metros cúbicos por segundo, por lo que los caudales que van a pasar por ese vertedero van a oscilar entre los 60 y 80 metros cúbicos por segundo. Es por eso que estamos haciendo un llamado a la precaución al momento de acercarse al río».

¿Qué cambia para las comunidades aledañas y qué actividades o sectores productivos comienzan a recuperar condiciones perdidas por la sequía?
«Toda aquella superficie agrícola que se disminuyó los productores podrán volver a desarrollarla. Sin embargo, creemos que expandir la superficie es un riesgo y lo hemos aprendido en estos periodos de sequía. En promedio, los predios que bajaron a 13 hectáreas de riego podrían llegar a 17 u 18.
Por otra parte, en lo aledaño al embalse se reactiva todo lo que genera la actividad turística. En el caso particular del deporte, en el embalse solo se permite la navegación a vela y no a motor, por lo que disciplinas como el windsurf y el kitesurf tomarán fuerza nuevamente, tal como lo están manifestando sus practicantes».

Respecto a la infraestructura de riego en la cuenca, ¿qué red sigue sin estar completamente recuperada tras el temporal?
«La matriz del Elqui está integrada por 143 canales. De esa red, la mayoría —cerca del 90%— está operativa, pero no a máxima capacidad, y eso es súper importante.
Va a tardar un tiempo en que podamos recuperar la capacidad máxima de nuestros canales; creo que va a pasar un año o un año y medio con dificultades para que los canales tengan el 100% de su capacidad».

Ante esta importante recuperación del embalse, ¿qué medidas se deberían tomar para no repetir errores y reducir el impacto de la próxima sequía?
«Seguir siendo eficientes en el uso del recurso y no olvidarnos de que la sequía es estructural. La región no se debe olvidar de la planta desaladora para asegurar el agua de consumo humano de la conurbación, Ovalle y las distintas comunas.
La reutilización de aguas servidas también son proyectos que no se deben olvidar y que se deben seguir impulsando. No se deben dejar de lado como ha ocurrido en otras ocasiones cuando los embalses llegan a su máxima capacidad