«No han sido capaces de devolverme los llamados, no miran el daño que causaron, nos chocaron por detrás»

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Tras un accidente de tránsito, donde un bus impactó el auto en que viajaba con su hija, esta aún tiene secuelas por el choque, y en todo este proceso «ni Serena Mar, ni el seguro, ni el chofer se han hecho cargo de nada», afirma la señora Vega, madre de la niña.

Era el día 11 de septiembre de 2016 cuando Maribel Vega viajaba en un vehículo menor acompañada por su hijo, quien lo conducía, y sus dos hijas. Iban saliendo de Ovalle en dirección a Coquimbo, donde residían, de paso debían recoger a su marido, que los esperaba en la ruta D-43.

Llegando a la altura del Peñón, decidieron detenerse un momento para comprar un cordero, pues había un puesto en el camino que los ofrecía. Fue en ese momento que recibieron por detrás el impacto intempestivo de un bus de la empresa Serena Mar, que desplazó el carro más de 150 metros dando finalmente con un muro.

Si bien no hubo víctimas fatales que lamentar, la hija menor de Maribel, Anjanette Bugueño, de seis años de edad en ese momento, terminó con lesiones graves, en concreto con politraumatismo, traumatismo encéfalo craneano leve, fractura nasal, fractura frontal, fractura etmoidal, traumatismo ocular y laceración hepática, según detalla un certificado médico del Hospital de Coquimbo, expedido el día después del accidente.

«Estuvo 18 días en la UCI», detalla Maribel, que además declara que el hecho aún remece sus vidas al día de hoy, pues Anjanette pasó «el 2017 más en el Hospital que en la casa, porque las fracturas no sellaban, en 2018 convulsionó y estuvo hospitalizada por riesgo de meningitis, el día 12 de septiembre de 2019 la operaron por una fístula, no salió bien, ya que le encontraron otra más grande y fue nuevamente operada, dos años y medio después está de nuevo hospitalizada por una fístula en su frente».

Hoy, 14 de abril, su hija ingresa nuevamente al quirófano, por cuarta vez en cinco años, producto de las secuelas que dejó en su cuerpo el dantesco hecho, pero Maribel quiere creer que está será la última vez que entra en una sala de operaciones, «confío en Dios que no va a volver a ser operada, pero nada es seguro», afirma.

La madre denuncia que en todo este proceso doloroso la empresa dueña del bus involucrado en el accidente ha brillado por su ausencia, y apunta que «ni Serena Mar, ni el seguro, ni el chofer se han hecho cargo de nada, he recurrido a ellos en forma personal a don Cristian Escobar, administrador de Serena Mar», pero nunca ha recibido una asistencia concreta.

Si bien Maribel señala que Serena Mar contesta sus llamados y eran activos a la hora de pedir documentos para realizar los trámites, a la hora de hacerlos tangibles desaparecían, pues «ellos me pedían boletas y yo se las enviaba al correo, pero nunca fueron retribuidas, y los gastos de mi hija por esto son diarios, van 5 años con esto, me dicen ya, nosotros la vamos a ayudar, pero no he recibido ningún apoyo».

Con rabia, la mamá de Anjanette dice no entender como una compañía de esas características tenga esta actitud, explicando que «no es una empresa pequeña con un solo bus, son grandes, trabajan hasta con las mineras, y no han sido capaces de devolverme los llamados, ellos no miran el daño que causaron, ellos nos chocaron por detrás», dando a entender su responsabilidad.

Pero según Maribel no solo existe culpabilidad de Serena Mar, también acusa una falta de cuidado por parte de instituciones pública, ya que como ella detalla, «Carabineros también fue negligente, indicaron que giramos en u en línea continua, cuando el informe del SIAT dice lo contrario, que es una línea discontinua», dicho informe, explica la madre, además fue completado dos años después del accidente, lo que confirma irresponsabilidad.
Secuelas físicas y mentales

«Tiene que usar anteojos ópticos, sufre de dolores de cabeza terribles, ha llegado a desmayarse del dolor», expresa Maribel sobre las consecuencias del accidente en la salud de su hija. Además, indica que también está condicionada respecto de actividades que no puede realizar, pues «desde los 6 años ella no puede ir a la playa, ir a una piscina, porque puede ingresarle alguna bacteria al cerebro que le provoque una nueva infección, ella no puede hacer su vida normal».

Pero no solo eso, el suceso produjo en Anjanette un trauma que ha costado revertir, ya que como dice su madre, «a mi hija le da terror andar en colectivo, le vienen todos los recuerdos del accidente, la tengo hasta con psicólogo, ha costado años asumir lo que pasó».

Sumado a lo anterior, el choque también modificó el itinerario familiar, esto, como explica Maribel, la obligó a perder su trabajo «porque mi hija depende de mí 24/7, si va al colegio y me llaman de allá porque siente dolor de cabeza, tengo que correr a buscarla, entonces yo no puedo trabajar».

Depende entonces económicamente de su marido, que es panadero, su sueldo es el único sostén que tienen para costear sus vidas y los problemas de salud de su hija derivados del accidente.

Salida judicial

Maribel cuenta que hace algunos años llevo el caso a tribunales, pero tras una mala gestión de su abogado fue imposible llevar a buen término el conflicto, por lo que quedó en nada, sin embargo tiene la intención de «abrir nuevamente la causa, pero la situación de mi hija no me permite hacerlo ahora mismo, ya que está hospitalizada, mi prioridad es la salud de mi hija, llevó 17 días con ella en el hospital y no sé cuantos meses más estará sin ir al colegio».

Ella tiene la esperanza que en algún momento se haga justicia, pero con su experiencia de abandono por parte de los involucrados, a su vez cree que «aquí no existe justicia, para el que no tiene plata, aquí no existe, somos una familia humilde, yo no puedo trabajar para ayudar a mi esposo por cuidar a su hija».

En definitiva, Maribel espera por fin contar con algo de apoyo y «que alguien se acerque a nosotros, algún abogado o alguien que quiera ayudarnos a llevar el caso, no puede quedar como si no hubiese pasado nada», sentencia, antes de volver al hospital de Coquimbo a custodiar a Anjanette, ya con once años de edad, que hoy enfrenta una nueva operación.

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