Pandemia, desconocimiento del cargo y abultado calendario electoral, serían las causas de la baja participación en la segunda vuelta

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Los pasados comicios, en donde en segunda vuelta Krist Naranjo (IND) se impuso a Marco Sultantay (UDI), quedarán marcados por tener la participación más baja de la región desde que se instauró el voto voluntario, y es que solo el 17,40% del padrón electoral fue a las urnas.
El record de abstención lo tenían las municipales del 2016, con un 34,24%.

La participación en las elecciones en la región de Coquimbo, previo al voto voluntario, se había mantenido estable, siendo unas de las más altas del país. Desde 2012, cuando se instauró el voto voluntario, la tendencia ha ido a la baja, estando siempre bajo el 50%.
En las elecciones municipales del 2016, el 34,24% del padrón había acudido a las urnas, cifra que fue sobrepasada para el Plebiscito, con el 47,98%, y en la primera vuelta del 15 y 16 de mayo hubo un 41,27% de participación.

Mientras que para la segunda vuelta de gobernadores fue solo el 17,40% del padrón. En cifras, la región quedó en cuarto lugar a nivel nacional en participación, siendo superada por la Región Metropolitana (25,65%), Los Ríos (21,09%) y Arica y Parinacota (18,75%).

Como dato, porcentualmente La Higuera fue la comuna con mayor participación, con un 24,64%, y además fue la única en donde se impuso Marco Sulantay. En contraparte, Punitaqui fue la comuna con menor participación, con un 11,91% del padrón.

En cuanto a las causas de la baja participación, Manuel Escobar, sociólogo y académico de la Universidad Católica del Norte, explica que «igual esperaba que habría baja participación por razones más o menos obvias, porque efectivamente es un cargo nuevo, la gente no sabe muy bien de que se trata, y en consecuencia hay una sensación de que es menos relevante».

«Eso se esperaba. Ahora bien, saber por qué estuvo tan baja la participación, se puede deber a varios factores, obviamente la pandemia es uno de ellos, pero también hemos tenido muchas elecciones durante este año, que ha estado bien cargado de sufragios», agrega.

Puntualiza en que, «y como una hipótesis, estaba la sensación que daba un poco lo mismo quien fuera electo, no era una elección tan relevante desde el punto de vista de las transformaciones sociales que se están viendo, no así como la elección de constituyentes, que iba a ser especial porque la propia elección fue el resultado de un proceso social más importante que tuvo su origen en el estallido social».

«Además se da que un porcentaje de votantes no va porque su candidato no pasó a segunda vuelta, y a diferencia de otros tipos de elecciones, no se juega algo tan importante como la elección presidencial, como por ejemplo en Perú, que en la segunda vuelta presidencial tuvo una muy buena participación, aunque el voto allá es obligatorio», añade.

Comenta que «no era una elección extremadamente relevante para las personas desde el punto de vista de la percepción, pero sí lo era respecto a lo que implica avanzar en el proceso de descentralización».

En relación a la primaria presidencial del 18 de julio, sostiene que «no hay que confundir las cosas, no hay que hacer extrapolaciones directas de lo que ocurrió en esta elección y lo que eventualmente podría pasar en una primaria, lo que sí, el oficialismo, la derecha, quedó disminuido tras estas elecciones».

«Si se mira el mapa, los números favorecen a Unidad Constituyente, la ex Concertación, y la derecha quedó bastante disminuida, como dato, de las 16 regiones, 15 están con un gobernador de oposición, y si se sigue esa lógica, la derecha va a tener serios problemas en la elección presidencial», agrega.

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