La postal parece sacada de otra época, pero es la realidad que se vive a diario en el sector norte de Las Compañías. Porque mientras el resto de la ciudad se ilumina cuando se esconde el sol, los niños de la villa Alto Oriente 1 y 2, deben abrir sus cuadernos bajo la luz de las velas.
Por René Martínez Rojas
En plena era digital, donde las tareas se envían por WhatsApp y los libros fueron reemplazados por los celulares, se ven obligados a retroceder décadas porque la energía eléctrica simplemente no colabora. «Cómo le explicas a tu hijo que tiene que estudiar de esta manera, como se hacía hace muchos años», se cuestiona un padre y vecino del lugar.
Sin embargo, es el panorama de cientos de familias, que abarca también a otras villas donde incluso el problema se arrastra hace casi diez años. «Solamente en el sector nuestro, por lo bajo somos cerca de 70 hogares, imagínate sumando a los que están alrededor», cuenta.
La causa es conocida, pero difícil de erradicar: la proliferación de tomas o asentamientos irregulares que se conectan de manera directa y masiva a la red, vulnerando el derecho de quienes, con esfuerzo, pagan sus cuentas.
«Nosotros cuando llegamos acá íbamos a tener algo a nuestro nombre y nadie nos iban a correr. Y entendemos que la gente de este asentamiento que está cerca tiene necesidades, como también hay muchas que se están aprovechando, y aunque acá entra en conflicto la parte humana, no podemos dejar pasar a llevar nuestros derechos», apunta otro vecino.
Un operativo
bajo tensión
Fue el día miércoles de la semana pasada que la empresa CGE, junto a la Seremi de Energía y Carabineros, realizaron un operativo masivo para desmantelar las conexiones irregulares. Claro que no fue una tarea fácil, pues los propios dueños de casa tuvieron que actuar como «guías», señalando los puntos donde estaban los cables clandestinos.
«Se identificaron las conexiones y aparecieron otras que no teníamos previstas, pero también se cortaron», relata el mismo vecino bajo condición de anonimato. Sin embargo, al quedar a oscuras las tomas, la reacción fue inmediata: amenazas a los vecinos de las villas urbanizadas.
«Nosotros no tenemos la culpa, sino que solo estamos exigiendo una calidad de vida como la que estamos pagando, porque al final no es un servicio que nos están regalando…», señala este padre de familia.
El costo de
la ilegalidad
Lo cierto es que debido a que los cortes, que durante el último mes se volvieron crónicos, se han provocado serios daños en electrodomésticos y una pérdida constante de alimentos.
Por ende, la preocupación es doble para los emprendedores del sector. Dueños de negocios han visto cómo se rompe la cadena de frío de sus productos, traduciéndose en pérdidas económicas. A esto se suma el factor seguridad: la oscuridad total en plazas y calles colindantes a quebradas convierte al sector en una zona de complejo acceso, más cuando cae la noche.
«Eran las 6 de la tarde y no podíamos estar en la plaza porque estaba todo oscuro. Por suerte, ya este viernes estaba iluminada, lo que también nos da más seguridad, pues estamos al lado de una quebrada y estas muchas veces se prestan para otras cosas, así que de cierta manera recobrando el tema de la luz, nos sentimos más seguras», explica una madre, acompañada de su hijo.
Una solución definitiva?
A pesar del éxito del operativo reciente, la incertidumbre persiste. Desde la empresa CGE han sido claros: este procedimiento es apenas la «primera parte», ya que mientras los asentamientos sigan creciendo sin una solución habitacional de fondo, el problema de los cortes no parará.
Reiteran que los cortes iniciaron hace cinco años y «solo era irregulares». Pero hace un mes empezaron de manera diaria y a la misma hora, «entre las 6 y 7 de la tarde, hasta la madrugada. Es insostenible, porque debes vivir pendiente o con la esperanza de que no se te corte la luz, cuando es un servicio que estás pagando».

































