Jorge Pinto Rodríguez, Premio Nacional de Historia 2012: «Hay un desencuentro entre el progreso económico y la sensación de ser abusados por las empresas»

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Profesor, usted es nacido en La Serena, desde su perspectiva ¿cuáles han sido los cambios más importantes que ha experimentado en los últimos años?

Hay cambios notables, pero yo hablaría de tres etapas en la evolución de La Serena en los últimos 60 años. Los cambios que se producen con G. G. Videla en la década del 50 que inicia un proceso de transformación de la ciudad. Hay un segundo momento que esta ciudad experimentó en los años 70 con la aparición de algunas poblaciones periféricas y La Serena comienza a crecer hacia el sur y hacia el norte y un tercer momento que se produce en los 90 cuando se repobló el borde costero y esta enorme expansión urbana de La Serena…

Ciudad que se ve colapsada actualmente…

…Como todas las ciudades de Chile. No hay ciudades en Chile que no esté colapsada. Porque el crecimiento ha sido más vertiginoso y, sobre todo, por las demandas que tienen la circulación de la población hacen insuficiente las vías de comunicación. También la masiva llega de automóviles que se produce a mediados de los 80, pero La Serena no está más ni menos colapsada que Copiapó o Temuco. Es un fenómeno que se repite en todas las grandes ciudades del país.

Respecto al tema arquitectónico de La Serena, ¿cuál es su opinión de las nuevas construcciones en el casco histórico de la ciudad?

Yo suelo ir poco al casco histórico o al centro de La Serena, pero la verdad cada vez que voy veo que se mantiene una cierta fisonomía, que ha mejorado notablemente en los últimos años, con un casco urbano e histórico que ojalá conservemos, porque la conservación de los bienes patrimoniales es fundamental en una ciudad que quiere mantener su identidad.

En el ámbito académico usted hizo clases en la Universidad de La Serena, ¿en qué años fue eso y qué recuerdo guarda de su paso por la ULS?

Hice clases a fines del 79 y todo el año 80. Tengo muy buenos recuerdos, teníamos un grupo de colegas muy entusiastas, pero lamentablemente fui expulsado el año 1981. Tengo dos expulsiones, la primera en 1973 desde la Universidad de Chile. La verdad la del año 1981 no fue fraguada acá en La Serena, a mí me llegó una carta del entonces rector, Toro Dávila, el que me señalaba que por razones de buen servicio se ponía fin al contrato con la universidad a pesar que en ese momento ya contaba con el grado de Doctor.

Hace poco se le hizo un homenaje en la ULS, ¿lo tomó como un desagravio?

Así fue y así lo sentí. Porque en realidad esas cosas fueron producto de situaciones de la que todos tuvimos una cuota de responsabilidad, pero todas esas cosas quedaron enterradas en el pasado en lo personal o más bien si no las he olvidado las tengo en un reservorio que no reviso. Me he reencontrado con la Universidad de La Serena y en los últimos años hemos desarrollado algunos proyectos en común, por lo tanto yo me he reencontrado con la ULS.

Respecto al llamado descontento social, como historiador ¿a qué se debería este fenómeno?

Ocurren dos fenómenos que no logran encontrarse. Por una parte nadie puede discutir que este país ha experimentado un progreso notable, no solo en Chile sino que en toda América Latina. Hoy hay condiciones de vida mucho mejores que hace 40 años, ha habido un progreso notable. Pero este mejoramiento no ha ido acompañado de un grado de satisfacción de parte de la sociedad civil, hay algo que no está funcionando.

¿Abusados y pasados a llevar?

Nos sentimos abusados, violentados por las grandes empresas, por los consorcios que manejan la salud y la educación, etc, en general yo diría que hay un desencuentro entre el progreso económico y la sensación de estar siendo abusados por parte de las empresas y esto es lo que ha provocado algo muy extraño, en medio de una expansión económica hay una sensación de fracaso en la convivencia.

¿Se reconoce un hombre de izquierda?, profesor

Evidentemente, sin duda soy un hombre de izquierda.

En este sentido, ¿cómo ve a la izquierda chilena?

Lamentablemente, la izquierda se ha desconfigurado. Es que desaparecieron las grandes utopías que teníamos en los 60 y 70 y el neoliberalismo instaló una sola concepción de la vida sustentada en el crédito y el consumo. Eso ha distorsionado a la sociedad y ha impedido que de pronto tengamos proyectos colectivos a futuro. Como hombre de izquierda me gustaría que volviéramos a los valores que inspiraron este anhelo de construir una sociedad más justa y estuvieron en la base de la Concertación cuando regresamos a la democracia. Por lo que confío más temprano que tarde vamos a recuperar esos valores.

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