Taxistas entre los más golpeados

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Dos profesionales del volante cuentan la dificultad que han tenido en estas últimas semanas, donde reconocen que la situación está compleja. Reclaman ayuda, «nadie anda en las calles y eso nos tiene sin trabajo».

Guillermo Leiva, de 29 años, no sabe qué hacer en su taxi. Hace tiempo que no esperaba tanto por un pasajero. «Sin trabajo, parado, ¿qué haces?. Tampoco podemos estar circulando porque gastamos gasolina», señala mientras cuenta todos los taxis estacionados a la espera de un pasajero: «Son once, ¿cachái?».

En otro auto, frente al terminal de buses de La Serena, Aníbal Galloso, de 38 años, espera por algún cliente. Pero nada. Llevan horas esperando. Y así, asegura, ha sido desde que se dio la alerta en Chile con el primer Covid-19.

Cada vez peor

«Tampoco podemos quedarnos en la casa sin hacer nada, tenemos que pagar cuentas, entre ellas las del auto», precisa Guillermo.
Ambos llevan gel y toallas desinfectantes como medida de prevención. «A algunos clientes les entra la tos nerviosa cuando entran en el taxi y te da miedo, aunque igual muchas personas son bien cuidadosas».

Como la mayoría de los taxistas, ambos circulan especialmente por el aeropuerto de La Florida, y a veces también por el terminal de buses.

«El aeropuerto es el fuerte de nosotros, pero desde la semana pasada que se ha visto una baja considerable de pasajeros, puesto que los aviones vienen con cerca del 30% de su capacidad, lo mismo que el terminal de buses», indica Aníbal. Por lo mismo dice, muchas ahora se han ganado en los supermercados por las mañanas.

«Económicamente hablando no sé cómo lo haremos para pagar nuestras deudas. Los que somos taxistas dependemos del día a día, estamos bien complicados. Además que cada vez van aumentando los casos de coronavirus en la región…», describe Aníbal.

Cuota semanal

Como la mayoría de los trabajadores, deberán sentarse a conversar con el propietario del vehículo para ver cómo lo harán con la plata semanal de la cuota.
«Ya hablé con el propietario y entendió la situación. Pero de todas maneras existe la preocupación de cómo hacerlo para llegar con plata a la casa. Estos días he salido y me he tenido que regresar, porque no gano nada. Tampoco hoy podemos cambiar de rubro, ya que trabajo tampoco hay…», piensa en voz alta Aníbal.

De hecho, es normal verlos, ahora más que nunca, limpiando los autos en cuanto se baja un pasajero.

«El otro día se subieron dos pasajeros con mascarillas y todo tranquilo, pero también hay otros que te señalan que es mucha la alarma que se está generando, andan como temerosos y me preguntan si ando con jabón, con desinfectante, y la verdad es que yo ando con toallas húmedas y además desinfectantes para el auto y los pasajeros obviamente».

Ambos temen que con el correr de los días las calles estén desérticas, lo que profundizaría aún más la crisis. «Yo por lo menos he tomado caldo de cabeza todas las noches por el tema de los pagos a fin de meses, además de una pensión alimenticia, y que si no lo hago seguramente tendré una orden de arresto, se ve difícil», precisa Aníbal, que llegó desde Arica hace algunos años buscando mayor estabilidad para su familia.

Cuando finaliza la jornada, el miedo se traslada a sus casas, después de horas de contacto con otras personas.

«Personalmente cuando termino no me toco ni yo mismo», dice ríendo Guillermo. Aníbal asegura que hace lo posible por irse para la casa lo más desinfectado posible, «llegando me ducho y toda la ropa se mete a la lavadora».

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