El destilado obtuvo por segundo año consecutivo el máximo reconocimiento en una de las competencias más exigentes del rubro, consolidando a la zona como un polo emergente de excelencia.

Por: Valentina Echeverría O.

No es solo un premio, es una confirmación. Por segundo año consecutivo, Bou Legado Especial 35° Guardado en Roble se posicionó en lo más alto a nivel mundial en London Spirits Competition instalando a Salamanca y al Valle del Choapa en el mapa de los grandes destilados.

Desde la marca, Fernando Bou, fundador y maestro pisquero de Bou Legado, destaca que el reconocimiento responde a una combinación de factores propios del territorio.

«Salamanca no es solo un lugar, es un ecosistema privilegiado. Lo que nos permite competir a nivel mundial es la pureza de nuestro valle: la combinación de un sol generoso, suelos minerales únicos y el agua pura de la cordillera», señala.

Pero más allá de las condiciones naturales, apunta a un componente identitario. «En este valle existe un respeto profundo por los tiempos de la tierra y una sabiduría que se hereda. Al embotellar nuestro pisco, enviamos un pedazo de la nobleza y el esfuerzo de la gente del Choapa», agrega.

Consistencia y método

El logro no es al azar. Bou explica que la clave ha sido sostener estándares exigentes a lo largo del tiempo. «Los aspectos determinantes han sido la consistencia en la calidad y el rigor en nuestra metodología: desde la selección de la uva Moscatel en nuestro valle, hasta la paciencia en la guarda», indican.

En esa línea, detallan que cada etapa del proceso cumple un rol fundamental «pero el factor determinante es la paciencia; nuestra guarda prolongada en roble francés es lo que finalmente aporta la elegancia y maduración que hoy el mundo premia», explica.

Elevar el estándar

Más que cambios radicales, el foco ha estado en perfeccionar lo aprendido. «Lo nuestro es una evolución constante. Llevamos años obteniendo reconocimientos, lo que nos obliga a que la búsqueda de la excelencia sea permanente», sostiene.

Asimismo, asegura que el desafío cada año es mayor. «No es solo llegar a la cima, sino elevar el estándar cada año para que el pisco de nuestra región siga sorprendiendo al mundo».