La Ruta Pacífico es la única opción viable y superior para los proyectos mineros de la vecina provincia, con ventajas técnicas, ambientales y estratégicas indiscutibles, indica Gerson Soto, arquitecto y autor del estudio que sustenta la propuesta.

Por: Bastián Álvarez Pardo

La provincia de San Juan, Argentina, concentra cuatro megaproyectos de cobre de escala global, Pachón, Los Azules, Altar y Vicuña, cuya puesta en marcha es estratégica para el vecino país y solo en la provincia, se contabilizan ocho grandes proyectos mineros, cuya inversión total sobrepasa los US $33.000 millones.

Sin embargo, su desarrollo enfrenta una restricción estructural. La disponibilidad de agua dulce en la alta cordillera es insuficiente, altamente variable y socialmente sensible para sostener operaciones mineras de gran escala y de largo plazo.

Es por ello que, de acuerdo con el estudio «Integración Minera Binacional Argentina-Chile», realizado por Gerson Soto Vergara, arquitecto y ex director de planeamiento del MOP, en base a una idea desarrollada por Inner Chile, startup de la provincia del Choapa, la alternativa más robusta, sostenible y financiable es el uso de agua de mar desalinizada mediante una estrategia de desalación mixta y la exportación del mineral a través del Puerto de Coquimbo.

«La desalación mixta no es solo una solución técnica al problema del agua, sino una plataforma integral de viabilidad para la minería del cobre en San Juan, ya que mejora la rentabilidad, reduce riesgos regulatorios y operacionales, fortalece la licencia social, y crea una base regional más resiliente y competitiva para el desarrollo minero de largo plazo», señala Soto a DIARIO LA REGIÓN.

Impacto esperado

De acuerdo con el profesional, la iniciativa tendrá un impacto significativo, ya que «la estrategia permitirá articular una cadena binacional de valor entre San Juan, Coquimbo y los corredores logísticos del Pacífico, dinamizando empleo, servicios, infraestructura y actividad portuaria».

Además, abre una vía concreta de cooperación argentina-chilena en materia de agua, energía y transporte, con beneficios que exceden al sector minero y pueden extenderse a otros usos productivos y territoriales.

Uso de agua
desalinizada

Según lo expuesto por Gerson Soto, la iniciativa propone que el agua de mar que se utilice en los procesos productivos de las minas sanjuaninas, sea extraída desde la costa chilena, pretratada a través de filtración, remoción de sólidos y control químico; luego, tratada por ósmosis inversa para extraer la sal y minerales disueltos y, posteriormente, impulsada hacia la cordillera a través de un sistema de bombeo mixto.

En esta dirección, Soto explica que una de las principales ventajas de esta alternativa, que considera que el 50% de la desalación se realice en la costa de Coquimbo y el 50%, en una planta en la cordillera de San Juan, es el retorno del 65% del agua de mar tratada a territorio nacional, para abastecer a los sistemas de regadío ya existentes, como tranques y embalses.

Dicha agua se separa del mineral en la precordillera y se trata para ser utilizada en la industria agrícola de la región de Coquimbo, lo que permitiría cubrir más de 12 mil hectáreas. «A diferencia de una desaladora normal, donde sus costos son enormes para el Estado, este sistema de desalación mixta generaría agua permanente para la región con costos mínimos y una seguridad hídrica mínima de 80 años».

Ventajas logísticas y competitivas

«El agua de mar que sube por los acueductos de Choapa y Elqui hacia las mineras argentinas regresa tratada por mineroductos a Auco y Elqui Norte, donde el mineral seco sale por ferrocarril a Puerto Coquimbo y el agua purificada riega Choapa, Limarí (con respaldo solidario del embalse Valle Hermoso) y Elqui, triplicando la agricultura regional sin costo fiscal», explica Gerson Soto.

La ejecución de la Ruta Pacífico debe traducirse en más empleo directo e indirecto, mayor demanda de servicios locales, fortalecimiento logístico-portuario y un nuevo corredor de desarrollo para San Juan, Coquimbo y el Norte Chico.