Con más de dos décadas de funcionamiento, la organización sin fines de lucro busca la rehabilitación y educación del discapacitado. Siendo dirigida a personas que presentan diversos trastornos de relación y comunicación, cognición y motricidad. Hoy los padres enfrentan el desafío de financiar mes tras mes el funcionamiento de la escuela que ha cambiado más de 100 vidas a lo largo de su historia.
Por Javiera Escudero Troncoso.
Ubicados en camino a San Ramón Ruta D-409, desde hace 24 años. Y es que Fortezza nace como institución en 2002 y, desde entonces, se ha convertido en un lugar de acompañamiento para personas con diagnósticos como trastorno del espectro autista, parálisis cerebral y síndrome de Down, enfocándose en el desarrollo de habilidades de autonomía, integración social y calidad de vida.
Actualmente, el centro atiende a 20 alumnos de entre 7 y 45 años, aunque en sus años de mayor capacidad llegó a recibir a 32 estudiantes. Uno de los sellos que destacan sus integrantes es que no existe límite de edad para permanecer en la organización.
Pese a la labor que realizan, el financiamiento sigue siendo el mayor problema para Fortezza. El centro se sostiene principalmente gracias al aporte de las familias, socios cooperadores, bingos, rifas, colectas y distintas campañas solidarias. Las mensualidades varían según la situación económica de cada familia y oscilan entre los 100 mil y 490 mil pesos. Llegando apenas a fin de mes y siempre pensando cuál será el siguiente paso para recaudar fondos.
Eduardo Fuentes, director tesorero de la corporación y padre de uno de los alumnos explicó a Diario LA REGIÓN que «acá no todos pagan lo mismo porque tenemos una mirada social. Muchas familias no podrían costear un tratamiento así sin apoyo», señaló el director.
Actualmente la organización tiene un sorteo solidario que finalizará el próximo 19 de junio. Por un ticket de 5 mil pesos, las personas podrán participar por un automóvil, una motocicleta o una bicicleta. Ticket que se pueden adquirirse a través del sitio web https://sorteo.fortezza.cl
Distinto a un colegio tradicional
Con tres niveles educativos logran agrupar a todos los estudiantes: Pacari, destinado a los más pequeños; Prelaboral, donde niños y adolescentes comienzan a desarrollar habilidades para la vida diaria; y Laboral, enfocado en jóvenes y adultos que aprenden distintos oficios como telar, bisutería, carpintería y cocina.
Además, muchos de los talleres permiten generar ingresos para el centro mediante la elaboración y venta de almuerzos y otros productos realizados por los propios alumnos.
Según explicó Carol Araya Rodríguez, jefa de la Unidad Técnica Terapéutica, el enfoque del centro es completamente distinto al de la educación tradicional.
«En un colegio se trabaja lenguaje o matemáticas. Acá una asignatura puede ser aprender a lavarse las manos, sentarse en un restaurante, comunicarse o aprender rutinas básicas que les permitan desenvolverse en la vida cotidiana», subrayó Araya.
La profesional agregó que el trabajo se realiza de manera integral junto a las familias y adaptándose a las características individuales de cada estudiante.
«Mi hijo logró cosas que parecían imposibles»
Eduardo Fuentes conoce de cerca el impacto del trabajo que realiza Fortezza. Su hijo, diagnosticado con autismo severo y no verbal, ingresó siendo pequeño al centro.
«Hace años era muy difícil encontrar espacios adecuados. Acá él logró desarrollar habilidades que parecían simples, pero que para nosotros eran enormes avances: servirse comida, ordenar sus cosas o tolerar una atención dental», relató emocionado.
Terapia con caballos
Entre las actividades más valoradas del centro se encuentra la hipoterapia, realizada hace más de 20 años gracias a la voluntaria María José Mery, quien apoya dando acceso a los equinos. Los alumnos participan en sesiones junto a los caballos «Nico» y «Canela», y trabajan habilidades motrices, emocionales y cognitivas.

































