Mientras avanza el debate legislativo que busca restringir el acceso de menores de 16 años a redes sociales, el profesional Rodrigo Corvalán advierte que el foco debe ponerse en el desarrollo cerebral, la autorregulación y el diseño de plataformas creadas para captar atención.

Por: Valentina Echeverría O.

El debate sobre una eventual prohibición de redes sociales para menores de 16 años no solo abrió posiciones políticas en el Congreso, sino que también instaló una discusión más profunda sobre cómo plataformas como TikTok e Instagram están impactando el desarrollo emocional, social y cognitivo de niños, niñas y adolescentes. ¿Prohibir ayuda o solo posterga el problema?.

Para el psicólogo Rodrigo Corvalán, reducir el tema a «prohibir o no prohibir» es simplificar un problema mucho más complejo. A su juicio, el principal elemento que debe considerarse es que durante la infancia y adolescencia el cerebro aún se encuentra en pleno desarrollo.
«Hay muchas cosas que tienen que ver con la autorregulación, la evaluación de riesgo, el control de impulsos y la gestión emocional que todavía se están desarrollando», explicó. En ese sentido, sostuvo que las redes sociales y dispositivos digitales entregan gratificación inmediata, evitando que niños, niñas y adolescentes entrenen ciertas habilidades de manera natural.

Uno de los puntos que más preocupa al especialista es la forma en que funcionan las plataformas digitales. Según indicó, TikTok, Instagram, y otras aplicaciones están diseñadas específicamente para mantener a la persona conectada la mayor cantidad de tiempo posible. «No están hechas para educar ni para proteger».

Corvalán explicó además que mecanismos como el «scroll infinito», las notificaciones constantes y los sistemas de recompensa utilizados por las aplicaciones generan efectos similares a los observados en conductas adictivas. «Se utilizan principios psicológicos muy sofisticados. El cerebro entra en una dinámica de búsqueda constante de recompensas, algo muy parecido a lo que ocurre en los juegos de azar».

Riesgos más allá del tiempo de pantalla

El especialista también advirtió que el problema no se limita solo a la cantidad de horas frente a una pantalla, sino al tipo de interacción que ocurre dentro de las plataformas.
En ese sentido, mencionó casos de grooming, contacto con desconocidos y exposición a contenido inapropiado dentro de videojuegos y redes utilizadas por menores. «Muchos padres ven a sus hijos jugando algo aparentemente inocente, pero no saben qué conversaciones están ocurriendo al otro lado de la pantalla», afirmó.

Asimismo, señaló que las redes sociales han transformado profundamente la forma en que adolescentes construyen identidad y validación social. «Hoy el mundo digital puede llegar a ser incluso más importante que el presencial para muchos jóvenes».

«La ansiedad inicial no invalida la medida»

Sobre una eventual restricción al uso de redes sociales, Corvalán reconoció que una prohibición podría generar ansiedad o incomodidad inicial en adolescentes acostumbrados a pasar varias horas al día conectados.

Sin embargo, sostuvo que eso no significa necesariamente que la medida sea negativa. «Va a existir una reacción inmediata porque se pierde una fuente importante de gratificación y rutina. Pero eso no invalida la necesidad de proteger», indicó.

El psicólogo comparó el debate actual con otras medidas de protección aplicadas históricamente a menores de edad. «Hoy nadie cuestiona limitar el acceso de niños al alcohol o al cigarro porque entendemos el daño que generan. Con las plataformas digitales recién estamos comenzando a comprender que aquí también hay efectos que requieren mayor precaución».