El gobernador y meteorólogo alertó que el sistema frontal que comienza mañana es inédito en la región. Agua bendita, sí, pero también preocupa la activación de quebradas, desborde de ríos y aluviones por el suelo degradado tras años de sequía.

Por René Martínez Rojas

Como gobernador, pero también en su calidad de meteorólogo, Cristóbal Juliá ha dejado bien en claro que el sistema frontal pronosticado para que inicie mañana –hasta el domingo- sería casi histórico.

Y no solo por las precipitaciones que caerán en los interiores de la región, sino también por lo que bajará en la conurbación.

«No creo estar pecando de exagerado cuando digo que esto perfectamente se puede transformar en el evento del siglo. Y lo dijo la Dirección Meteorológica de Chile, cuando levanta la alarma meteorológica y declara la alerta amarilla por parte de Senapred, de que pueden caer hasta 180 milímetros en La Serena y Coquimbo, cuando en promedio caen 60 milímetros al año».

Entonces, avisa: «Estamos hablando que en cuatro días puede caer lo que cae en tres años. Por lo tanto, es mucha agua y algo inédito. Tengo más de 15 años trabajando como meteorólogo acá en la región y esto no lo había visto antes, tampoco tengo registros».

El riesgo detrás
de las lluvias

Juliá explicó que el principal peligro no está solo en las precipitaciones, sino en las condiciones del suelo, «pues tenemos una sequía tan grande que el suelo está muy degradado, muy erosionado y, por lo tanto, el agua escurre o agarra la tierra junto con el agua y se transforman en aluviones, en remoción en masa».

Las quebradas que llevan más de un año sin activarse -algunas incluso más tiempo- podrían despertar con fuerza, «por lo que es un escenario preocupante y por eso estamos todos trabajando de la manera más coordinada posible para —ojalá— no tener que lamentar nada», agregó.

Los puntos críticos

Reconoce que Sernageomin (Servicio Nacional de Geología y Minería) tiene identificadas las quebradas más complejas y la preocupación se concentra en sectores donde hay asentamientos humanos cercanos a cauces que históricamente se han activado: Santa Gracia, Los Loro, Marquesa, Quebrada Seca en Ovalle, el estero de Canela y el estero de Punitaqui.

Pero el riesgo no se limita a las quebradas, pues Juliá también puso el foco en los ríos Elqui y Choapa, que podrían desbordarse ante la magnitud del evento, sumado a marejadas que podrían generar incluso salida del mar.

«Más allá de la inundación que genera un problema vial, preocupa más la inundación que pueda poner en riesgo la vida de las personas. Y en ese sentido es donde tenemos que poner todos los esfuerzos», enfatizó.

También mencionó que ha estado monitoreando la proyección del Google Flood Hub, una herramienta de inteligencia artificial para predicción de inundaciones.
«Uno toma con precaución esto porque tampoco hay que llamar a la alarma, pero esto nos convoca a estar atentos de los cauces de los ríos».

La paradoja del agua

Admite que el sistema frontal deja una lectura agridulce, pues una región con escasez hídrica espera con ansias el agua, pero también puede dejar a su paso una que otra complicación.

«Por un lado alimentará todo el sistema meteorológico de la región, y por supuesto que va a haber una recuperación, ya que van a crecer las praderas y esto ayudará a los crianceros y agricultores».

Y de igual manera a los embales, como El Bato (Illapel), «que lo más probable se llene solo con este evento, lo cual dará seguridad hídrica en el aspecto del riego. Siempre vemos con bendición que llegue el agua a la región, más allá de las desgracias que esperemos no se den», reflexionó.

Y eso es lo paradójico de esto, «porque necesitamos mucho el agua y esto viene a aliviar un poco otra catástrofe, que es la escasez hídrica de nuestra región».
De igual manera hizo un llamado a la ciudadanía «a alejarse» de aquellos lugares donde precisamente el riesgo climático va a estar presente.