Este lunes, el Liceo Industrial José Tomás de Urmeneta de Coquimbo reabrió sus puertas luego de la emergencia provocada por el sistema frontal, pero la jornada estuvo marcada por una serie de problemas que obligaron a suspender las clases antes de tiempo.
Por Javiera Escuedero
Aunque se informó que el liceo estaba en condiciones de recibir a los estudiantes, durante la mañana del lunes se detectó que el agua del comedor salía turbia, situación que impidió preparar los alimentos del Programa de Alimentación Escolar (Junaeb). derribando en que los alumnos no recibieron desayuno ni almuerzo y fueron enviados de regreso a sus hogares cerca de la una de la tarde.
Pero esa no sería la única situación que encendió las alarmas. Según un testigo que pidió mantener su identidad en reserva, el regreso dejó al descubierto problemas que vienen arrastrándose desde hace bastante tiempo.
«Hay goteras, techos que se están desmantelando, escaleras sin pasamanos, baños insuficientes, sin papel ni jabón, llaves que no funcionan y hasta un baño universal clausurado por filtraciones de aguas servidas. Esto no empezó con el temporal, pero la lluvia terminó por colapsar todo», aseguró la fuente.
Agregó que incluso supuestamente una estudiante de tercero medio habría consumido agua que salía turbia y posteriormente presentó malestares, situación que, según indicó, fue comentada entre docentes durante la jornada.
La molestia aumentó cuando comenzaron a circular fotografías y videos enviados por apoderados, donde se observaría a estudiantes realizando labores para retirar ramas y limpiar sectores afectados por el temporal. De acuerdo con la denuncia, algunos jóvenes efectuaban estos trabajos sin implementos de seguridad.
«Los alumnos estaban cortando árboles y arreglando parte de la infraestructura sin la indumentaria adecuada. Esto no es algo nuevo, ocurre antes, durante y después de cualquier emergencia. Los hacen realizar trabajos que no les corresponden», afirmó.
Desde la comunidad sostienen que las deficiencias no se limitan a los daños ocasionados por el sistema frontal. También apuntan a salas con filtraciones, ventanas en mal estado, falta de calefacción, problemas permanentes en los servicios higiénicos y condiciones que, aseguran, no cumplen con la normativa vigente para recibir a estudiantes y funcionarios.
«Los niños llegan mojados y con frío, y las salas no están acondicionadas para el invierno. Se hace un llamado al SLEP y a las autoridades para que vean realmente en qué condiciones trabajamos, porque aquí hay leyes que simplemente no se están cumpliendo».
































