El récord del metal rojo impulsado por el estrechamiento de la oferta mundial y la demanda de la transición energética alivia las arcas fiscales, pero expone el estancamiento de la producción nacional.
Por Joaquín López Barraza
El mercado internacional del cobre vivió este jueves un hito sin precedentes. La cotización del principal producto de exportación chileno escaló hasta los US$ 6,55 la libra, una cifra récord que pulverizó los máximos históricos anteriores y que responde a una severa tensión entre la oferta y la demanda global.
A nivel internacional, el fenómeno no es casual. El mercado físico del metal atraviesa un ajuste crítico marcado por el cierre de yacimientos clave en el exterior, la caída en las leyes de mineral en las principales mineras del planeta y un cuello de botella en las fundiciones internacionales. Todo esto, enmarcado en una demanda estructural insaciable impulsada por la electrificación global, el desarrollo de la inteligencia artificial y la transición hacia energías limpias.
Para Chile, cada centavo de dólar que sube el promedio anual del cobre representa más de US$ 20 millones adicionales en ingresos fiscales directos. Sin embargo, analistas del sector advierten que un precio astronómico no se traduce automáticamente en mayor bonanza si el volumen físico de producción no acompaña.
La trampa de los precios récord sin producción
Aunque el escenario beneficia directamente la recaudación del Estado y afianza a Chile como el principal actor de la industria extractiva, el verdadero dilema es de capacidad operacional. En la última década, la producción nacional se ha mantenido estancada en torno a los 5,3 millones de toneladas métricas anuales, golpeada por el envejecimiento de los yacimientos, la escasez hídrica y la lentitud en la tramitación de proyectos de reposición…
































