A solo 69 días del inicio del Gobierno de José Antonio Kast, la salida de las ministras Trinidad Steinert y Mara Sedini abrió cuestionamientos sobre improvisación, desgaste político y problemas de instalación en La Moneda. En conversación con Diario La Región, el seremi de Gobierno en Coquimbo, Darwin Cortés, defendió el ajuste impulsado por el Mandatario y aseguró que se trata de una señal de «fortalecimiento» del Ejecutivo.

Por Joaquín López Barraza

El cambio de gabinete golpeó especialmente dos áreas sensibles para el Gobierno: seguridad y comunicaciones. Mientras desde la oposición hablaron de desorden político y pérdida de control, el Ejecutivo insiste en que la decisión busca reforzar la conducción de La Moneda de cara a la Cuenta Pública y las próximas reformas estructurales.

—¿Golpea la imagen de orden que prometía el Gobierno?
No. Al contrario. Lo que esto demuestra es que el presidente José Antonio Kast no está dispuesto a quedarse inmóvil ni a administrar inercias cuando cree que hay áreas que deben reforzarse. Aquí no hay un Gobierno dubitativo ni paralizado. Hay un presidente que tomó una decisión para fortalecer su equipo, reforzar la gestión y responder con más fuerza a las urgencias del país. Eso es conducción política, y eso es justamente lo que Chile necesita.

Mientras algunos se quedan en la especulación y en la pelea chica, el presidente tomó una definición pensando en el fondo: cómo mejorar la capacidad de respuesta del Gobierno en una etapa exigente. Un gobierno serio no se aferra a los cargos por comodidad. Corrige cuando corresponde y fortalece su conducción.

—¿La salida de Steinert refleja problemas en seguridad?
Lo que representa es una decisión política para reforzar una prioridad central del Gobierno. La seguridad sigue siendo una de las mayores preocupaciones de la ciudadanía y una prioridad absoluta del presidente Kast. Y justamente por eso, cuando se requiere fortalecer la conducción en esa área, el presidente actúa.

No hay aquí una renuncia a la agenda de seguridad. Hay exactamente lo contrario: una reafirmación de que esa agenda es demasiado importante como para administrarla con conformismo. Se va a empujar con más fuerza, con más coordinación y con mayor capacidad de respuesta.

—¿Reconocen problemas comunicacionales?
Lo que el Gobierno ha hecho es tomar una decisión para fortalecer la manera en que comunica, ordenar mejor nuestra salida política y entrar a una nueva etapa con más claridad y más capacidad de respuesta. Eso ya es una señal política muy concreta.

Aquí no se trata de quedarse atrapados en explicaciones interminables, sino de hacerse cargo, corregir y avanzar.

—¿Cómo garantizan que esto no es improvisación?
La garantía la da la propia decisión del presidente. Un gobierno que refuerza seguridad no está improvisando, está corrigiendo a tiempo para responder mejor. Y en regiones como Coquimbo eso es especialmente importante, porque aquí la ciudadanía no quiere discursos. Quiere control, presencia del Estado y resultados frente al narcotráfico y al crimen organizado.

La señal que estamos dando es muy clara: el Gobierno no va a relativizar esta agenda ni a bajar la intensidad. La va a reforzar.

—¿El Gobierno se está cerrando sobre el núcleo republicano?
No. Lo que significa es que el presidente está fortaleciendo la conducción política de una etapa que exige más articulación, más coordinación y más experiencia en el manejo del Ejecutivo. Eso es completamente legítimo en cualquier gobierno y, de hecho, es una señal de realismo político.

Esta nueva conformación es una manera de reforzar la conducción, consolidar el centro político del Gobierno y avanzar hacia un Estado más funcional y menos disperso.

—¿El ajuste busca llegar fortalecidos a la Cuenta Pública?
Por supuesto que busca llegar con más fuerza política y más coordinación a una etapa muy importante. Y sería absurdo pensar que un presidente no toma en cuenta el contexto político y legislativo al momento de fortalecer su equipo.

La Cuenta Pública, la agenda legislativa y proyectos estructurales como la reforma de reconstrucción y desarrollo económico y social requieren un Gobierno con más claridad, más articulación y mayor capacidad de conducción.