Hace unas semanas fueron los anuncios vinculados al megaproyecto Vicuña. Luego aparecieron nuevas proyecciones de crecimiento exportador para San Juan. Ahora fue el turno de Sal de Oro, uno de los principales proyectos de litio de Argentina. Cada nueva inversión parece reforzar una misma idea a este lado de la cordillera: la posibilidad de que cientos de camiones cargados con minerales crucen diariamente hacia puertos chilenos.

Por Joaquín López Barraza

Las estimaciones más conservadoras hablan de entre 300 y 500 camiones por día. La cifra surge de análisis logísticos elaborados a partir de los proyectos de cobre, oro, plata y litio que actualmente avanzan en distintas provincias argentinas y que podrían utilizar infraestructura chilena para llegar a los mercados internacionales.
La última señal llegó esta semana, cuando el Gobierno argentino aprobó el ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) de una nueva etapa del proyecto de litio Sal de Oro, desarrollado por la surcoreana POSCO en el Salar del Hombre Muerto, entre las provincias de Salta y Catamarca. La iniciativa considera una inversión de US$547 millones y una capacidad de producción de 23 mil toneladas anuales de carbonato de litio equivalente. Además, se estima que podría generar exportaciones superiores a los US$300 millones por año.
Sin embargo, el interés que genera el proyecto trasciende el litio. Sal de Oro se suma a una larga lista de iniciativas que están modificando el mapa minero argentino. A los proyectos cupríferos de San Juan se agregan desarrollos de litio en Salta y Catamarca, configurando un escenario que podría transformar la logística de exportación en toda la región andina.
La explicación es sencilla. Muchos de estos yacimientos se encuentran más cerca de los puertos del Pacífico que de las terminales argentinas del Atlántico. A ello se suma que Chile cuenta con infraestructura especializada para el manejo de concentrados de cobre, cátodos y otras cargas mineras, además de una larga experiencia exportadora en el sector.
Para la Región de Coquimbo, la discusión no es nueva. Durante los últimos meses, autoridades, gremios empresariales y actores vinculados a la minería han planteado que parte importante de la futura producción sanjuanina podría buscar salida por puertos chilenos, especialmente si avanzan iniciativas de integración física como el Túnel de Agua Negra y otros corredores bioceánicos.
La semana pasada, en entrevista con Diario La Región, el subsecretario de Minería, Álvaro González Gorroño, reconoció que Chile busca posicionarse como una alternativa logística para parte de la producción minera argentina, aprovechando la infraestructura portuaria y de servicios ya instalada en el país.
Pero no todas las oportunidades parecen destinadas a cruzar la cordillera. Mientras en Chile crece el interés por el movimiento de cargas, los servicios asociados y la actividad portuaria, en San Juan ya comenzó otro debate: quién se quedará con los empleos que generará el nuevo ciclo minero.