El tema argento lo puso la barra de Platense: «el que no salta es un traidor» se escuchó durante el duelo por Copa Libertadores y, según recuerdan algunos hinchas desde el cuadro pirata, ya había sido entonado durante el viaje a Buenos Aires. Un sociólogo explica cómo estas expresiones de guerra se traspasan al deporte de forma masiva.
Por Javiera Escudero.
La rivalidad futbolera entre chilenos y argentinos volvió a aparecer en las tribunas durante el partido entre Coquimbo Unido y Platense, por Copa Libertadores. El cuadro pirata no solo se quedó con la eliminación del torneo tras la derrota, sino que también debió soportar un cántico que, según especialistas, tiene una carga histórica que va mucho más allá de la pelota.
«Poro popo, poro popo, el que no salta, es un traidor», se escuchó casi con parlante en la previa del pitazo inicial, lo que causó ronchas en varios presentes el miércoles en la cancha.
Una canción que tiene sus raíces en el contexto de la Guerra de las Malvinas, donde Chile apoyó a Inglaterra, los oponentes del país trasandino. Con el paso de los años aquella determinación de la dictadura de Pinochet ha sido utilizada en Argentina para referirse de manera despectiva para con nuestro país.
SOCIOLOGÍA
Para Juan Rojas Palma, sociólogo y magíster en Pensamiento Latinoamericano, este tipo de manifestaciones deben entenderse desde el comportamiento colectivo que se genera en los estadios.
«Lo que ocurre en los estadios, especialmente en las barras, son estos gritos de guerra que crean identidad y pertenencia», explicó al Diario LA REGIÓN.
El especialista señala que estos cánticos pueden transformarse rápidamente en una conducta colectiva, donde muchas personas terminan repitiendo una frase sin necesariamente detenerse a pensar en su origen o significado.
«Muchos de esos gritos pueden ser dirigidos por una persona, por dos, por cincuenta, pero al final gritan 5.000. No tienen la claridad de por qué lo están haciendo o qué están gritando», sostuvo.
Según Rojas, el anonimato que entrega una multitud también juega un papel importante. No es lo mismo realizar una ofensa individualmente que hacerlo respaldado por cientos o miles de personas, situación que puede generar una sensación de impunidad.
«Se genera un sentido de invisibilidad y anonimato. No es lo mismo gritar uno a uno que gritar 100 a uno», explicó.
RIVALIDAD
El sociólogo plantea que, en estos escenarios, la emoción termina desplazando a la reflexión y puede provocar comportamientos que se encuentran fuera de las normas habituales de convivencia.
«Es una condición no racional, sino más bien anómica y anónima», afirmó, señalando que este tipo de conductas pueden aparecer en contextos de alta algarabía y desaparecer una vez terminado el momento.
































