Con lluvia o sol: la sacrificada vida detrás de las ferias libres

0
15

Desde antes del amanecer, miles de feriantes recorren distintas comunas para instalar sus puestos, abastecerse, vender sus productos y sostener a sus familias. Dirigentes advierten que la inseguridad, el comercio ilegal y la falta de fiscalización amenazan una actividad que genera trabajo para cientos de hogares en Coquimbo y La Serena.

Con lluvia o sol, el feriante no falla. Desde temprano comienza a instalar su puesto, ordenar las frutas y verduras, preparar los toldos y recibir a los primeros clientes. La jornada se repite durante seis días a la semana en distintos puntos de la Región de Coquimbo, con apenas una pausa para descansar.

Algunos se abastecen en la Feria Lo Valledor en Santiago, pero la gran mayoría en la zona, en el sector de La Garza en Coquimbo, y en el terminal Agropecuario La Palmera, en La Serena. Un porcentaje menor compra en Ovalle.

Una vida entre viajes y puestos

El Pato Rojas viaja todas las semanas a Santiago, y aunque dice que gasta mucho en peaje y bencina, al final le sale a cuenta. Trabaja en las ferias de La Antena y Las Compañías, donde vende verduras y frutas. Su producto estrella es el plátano, que ofrece con un grito ya tradicional: “Caserita, lo tengo grande y duro”.

Después de armar el puesto pasadas las siete de la mañana, llega el desayuno y, si el hambre vuelve, recurre a un caldo de pata.

Trabaja con su hijo Camilo, que lo acompaña los fines de semana, ya que de lunes a viernes estudia informática en la universidad.

“Es sacrificado, pero si uno es responsable igual gana sus lucas. Yo tengo mi casa y dos camionetas gracias a la feria”, cuenta.

“El feriante se saca la mugre”

La Paola conoce de cerca esa realidad. Es presidenta de la Feria El Toqui hace 16 años. Cuando comenzó –recuerda- el lugar tenía aproximadamente la mitad de los puestos que posee hoy.

Sin embargo, un tema que le complica es la seguridad, que vienen pidiendo hace años.

“Somos más de 20 organizaciones, entre sindicatos y agrupaciones, y acá está la persona ilegal que necesita trabajar, pero que no le han dado permiso, y el ilegal delincuente, que está acostumbrado a trabajar delinquiendo y es justamente la gente que a nosotros nos molesta…”.

Reconoce que “es muy sacrificado el feriante”, porque además que se levantan a las 5 de la mañana, “acá trabaja mucho adulto mayor, gente en situación de discapacidad y mucha mamá soltera que tiene que venir con sus hijos y les hacen una camita debajo de la mesa”.

A su juicio, detrás de cada puesto existe una historia de esfuerzo, que es el resultado de años de trabajo.

“Algunos pueden tener tremendos negocios, pero si tienen ese negocio es porque se sacaron la mugre”, sostiene.

La mayoría de las ferias debe cerrar alrededor de las 15:00 horas, de acuerdo con las ordenanzas municipales. No obstante, cuando la jornada ha sido mala, algunos permanecen un poco más de tiempo para intentar mejorar sus ventas.

Por tradición, el lunes es el día de descanso para buena parte de ellos, y la mayor actividad se concentra los martes, miércoles, viernes y domingos.

“¿Sabe? Pese a todo el sacrificio, la feria es un mundo muy lindo, algo hermoso, y que no se tiene que acabar nunca…”.

Una actividad que genera empleo

Francisco Rojas Velásquez es presidente del sindicato número 2 en Tongoy, Guanaqueros, y además de encabezar el sindicato de Río Elqui en Tierras Blancas y San Juan.

Para él, la jornada comienza regularmente a las seis de la mañana y asegura que las condiciones de trabajo han cambiado radicalmente, principalmente porque la gran mayoría cuenta con vehículos propios para trasladarse.

“Si hacemos la comparación, no es un trabajo tan bruto, porque el 99.9% de la gente tiene su propio vehículo. Ya no se ve a la gente que anda con el carretón. Quedan algunos pocos socios que pagan flete. Pero el 99.9% me atrevería a decir que tiene sus propios vehículos para trabajar”.

Francisco vende frutas de temporada y destaca que las ferias libres se han transformado en un polo de generación de empleo. También menciona la incorporación de trabajadores extranjeros, entre ellos un número importante de personas de nacionalidad haitiana.

En Coquimbo, los feriantes están agrupados en alrededor de 19 sindicatos, que abarcan sectores como Tongoy, Guanaqueros, Tierra Blanca, San Juan, Parte Alta, El Llano y Las Torres.

“Somos 1.400 socios y 1.400 familias que trabajamos semanalmente en esta actividad”, señala y sostiene que se hizo un trabajo en conjunto con el municipio para obtener una nueva ordenanza con alrededor de 80 artículos. Y aunque valora ese avance, afirma que aún queda mucho por hacer, especialmente en materia de fiscalización.

“Entendemos que el Departamento de Inspección Municipal y de Seguridad está abocado a distintas labores en la comuna, pero la fiscalización en las ferias libres es nula.

Incluso, un 30% que ha quebrado “porque no ha tenido la espalda suficiente para poder mantener el golpe que significa el comercio ilegal, informal y desordenado”, se lamenta.

Pese a todo, el feriante sigue levantando su puesto cada mañana. Con lluvia o sol, vuelve a gritar sus ofertas y a encantar al cliente.