La Corporación Hijas e Hijos de Gabriela Mistral acusó la negativa del gobierno local para extender el contrato de comodato del salón donde atienden a niños del sector, lo que les impide ingresar a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. El hecho reabre la histórica disputa por las regalías no entregadas a la localidad.
Por Joaquín López Barraza.
A casi siete décadas del fallecimiento de Gabriela Mistral, la comunidad de Montegrande no solo sigue esperando que se cumpla la voluntad póstuma de la Premio Nobel de destinar las regalías de sus obras a los niños vulnerables de la localidad, sino que hoy enfrentan la pérdida del único espacio cultural autónomo levantado por los propios vecinos.
La Corporación Hijas e Hijos de Mistral denunció que la Municipalidad se niega a extender el contrato de comodato sobre el Salón Francisco Varela, inmueble ubicado frente a la casa museo de la poetisa y que la organización utiliza como sede y biblioteca comunitaria.
Amara Rivera, presidenta de la corporación, explicó que el convenio actual rige solo hasta diciembre de este año, lo que bloquea el desarrollo del proyecto cultural en la zona.
“El contrato de comodato dura hasta diciembre de este año, una situación que solicitamos desde un comienzo que se extendiera para poder ser parte de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. Sin embargo, no ha existido ninguna voluntad para extenderlo y, en consecuencia, no podemos ingresar a la red estatal por mera disposición negativa del municipio. Sin ese salón no tenemos cómo llevarle libros a los niños, hacer cursos ni reunirnos”, enfatizó la dirigenta.
Sobre este punto, Diario La Región intentó obtener una declaración por parte de la Municipalidad para conocer las razones de la no renovación del comodato; sin embargo, hasta el cierre de esta edición, no hubo respuesta por parte de las autoridades locales.
La herencia que nunca llegó
El conflicto por el espacio físico reabrió las heridas históricas en el Valle del Elqui sobre el destino de los recursos legados por la poetisa. En su testamento, Mistral ordenó que los dineros por la venta de sus obras en América del Sur fueran administrados por la Orden Franciscana para ir en beneficio exclusivo de la infancia vulnerable de Montegrande, compromiso que —según la comunidad— jamás se ha materializado.
Frente a estos requerimientos, los Franciscanos se han escudado en la institucionalidad. Mediante un comunicado expuesto por T13, la Orden citó un oficio del Departamento de Derechos Intelectuales que sostiene que las obras de la autora pasaron a dominio público en 1988, por lo que no cobran ni administran regalías desde esa fecha.
Tesis jurídica sostiene que los derechos siguen vigentes
Sin embargo, el escenario dio un giro tras la presentación de un informe encomendado al especialista en propiedad intelectual y exdirector de INAPI, Maximiliano Santa Cruz, expuesto ante la Comisión de Cultura de la Cámara.
Mientras el Departamento de Derechos Intelectuales y la Orden Franciscana afirman que las obras pasaron a dominio público en 1988 tras cumplirse 30 años del fallecimiento de la autora (1957), la tesis de Santa Cruz demuestra que dicha interpretación aplicó una norma de forma retroactiva en perjuicio de la obra.
Al haber variado la legislación chilena ampliando la protección del derecho de autor a 70 años post mortem, la protección legal sobre los textos de Gabriela Mistral se encuentra plenamente vigente y recién expira el 1 de enero de 2028. Bajo esta premisa, durante los últimos 36 años sí se debieron haber devengado y cobrado regalías por la comercialización de sus libros.
A partir de esta revelación, la corporación y los legatarios no solo exigen el cobro de dicho periodo, sino que impulsan un proyecto de ley para extender la protección hasta los 100 años a aquellos creadores que hayan destinado sus obras a fines filantrópicos y de impacto social.
“Es contradictorio todo lo que genera Gabriela Mistral en Santiago o en espacios capitalinos como el Centro Cultural GAM, donde Gabriela es casi un icono de moda. Y aquí el abandono, donde ella descansa es desolador. El objetivo es hacer realidad el deseo de la poetisa antes de morir: que lo que provenga por la venta de su obra llegue de una vez por todas a los niños de Montegrande”, concluyó Mardones.



































