Leer en voz alta, comprender textos y demostrar qué tan fluidamente pueden pasar de una palabra a otra serán parte de los desafíos que enfrentarán este año los estudiantes de segundo básico con la llegada de Impulso Lector, la nueva evaluación censal que se aplicará por primera vez en todo el país.

Por: Valentina Echeverría O.

Una de sus principales novedades será precisamente escuchar cómo leen los niños. Durante una actividad individual, cada estudiante deberá leer en voz alta mientras su voz es grabada, registro que posteriormente será evaluado considerando su velocidad, precisión y expresión.

Pero no será lo único. La evaluación se desarrollará durante noviembre y diciembre y buscará medir habilidades precursoras y comprensión lectora, con el objetivo de detectar tempranamente qué estudiantes están aprendiendo a leer al ritmo esperado y cuáles podrían necesitar apoyo adicional.

En total, Impulso Lector contempla la participación de 278 mil escolares a nivel nacional y forma parte de Chile Aprende y Avanza, estrategia destinada a fortalecer los aprendizajes fundamentales desde los primeros años de escolaridad.

Actualmente, casi 3 de cada 10 estudiantes de 4° básico en Chile no alcanza el nivel de aprendizaje esperado en lectura, ubicándose en el nivel Insuficiente. En tanto, 2 de cada 10 se encuentran en el nivel Elemental. En conjunto, 5 de cada 10 niñas y niños presentan desafíos importantes en el ámbito lector.

El seremi de Educación, Marcelo Salvo, explicó que precisamente uno de los propósitos de la iniciativa será contar con información que permita actuar de manera anticipada a posibles dificultades.

«Impulso Lector forma parte de Chile Aprende y Avanza, programa que ha impulsado nuestro Gobierno para fortalecer los aprendizajes. Esta herramienta nos permitirá conocer tempranamente cómo están leyendo nuestros estudiantes y orientar mejor los apoyos, porque nuestro compromiso es que más niños y niñas aprendan a leer comprensivamente desde sus primeros años», señaló.

¿Cómo será
la prueba?

Durante el primer día, los estudiantes trabajarán con un cuadernillo de actividades destinado a evaluar las habilidades precursoras de la lectura. El ejercicio será guiado por un examinador.

La segunda jornada estará enfocada en la comprensión lectora. En esta instancia, los niños deberán responder un segundo cuadernillo que incluirá textos literarios y no literarios, a partir de los cuales se medirá su capacidad para comprender lo leído.

Ese mismo día llegará la medición individual de la fluidez lectora. Uno a uno, los estudiantes deberán leer en voz alta mientras su lectura queda grabada. Posteriormente, cada audio será revisado utilizando una rúbrica que evaluará tres aspectos: velocidad, precisión y expresión.

De esta forma, no solo se buscará determinar si el estudiante puede reconocer y leer palabras, sino también cómo lo hace. La medición permitirá distinguir, por ejemplo, entre quienes todavía mantienen una lectura silábica o de palabras aisladas y aquellos capaces de leer enunciados con sentido, manteniendo un ritmo adecuado y realizando las pausas e inflexiones correspondientes.

Para llevar adelante el proceso se desplegarán más de 7 mil examinadores a nivel nacional. Durante ambas jornadas, cada curso contará con dos examinadores, quienes estarán acompañados por el profesor jefe o por un profesional designado por el establecimiento.