Los coloridos «palitos de madera» que adornan plazas y parques se han convertido en el blanco de los amigos de lo ajeno. Ahora, desde el Concejo Municipal proponen golpear donde más duele: el bolsillo.

Javiera Escudero Troncoso.

Los coloridos trozos de madera, más conocidos como mulch, ya son parte del paisaje de Coquimbo. Su presencia en plazas, bandejones y áreas verdes les ha dado un sello especial a distintos espacios públicos de la comuna. Sin embargo, también se han convertido en un botín cada vez más apetecido por delincuentes que, sin vergüenza, cargan sacos completos para revender el material.

La situación ha generado molestia entre vecinos y autoridades comunales. En medio de la aprobación del presupuesto de 100 millones de pesos para la compra de mulch para el período 2025-2026, el concejal Pablo Galleguillos propuso una amonestación para quienes se roben esta decoración.

Galleguillos planteó la necesidad de crear una ordenanza municipal que permita sancionar económicamente a quienes sean sorprendidos llevándose el material.

«Una ordenanza propiamente tal que aplique multas, a quienes nos roban, hemos sido ayudados por los ciudadanos, los vecinos que se han visto en redes sociales, han encarado directamente a quienes están robando, van con el teléfono, los encaran, los insultan y los avergüenzan para que regresen el material de donde estaban».

El edil comentó la actitud defensora de las personas es de felicitar, pero que no deja de ser una acción arriesgada. «El vecino que graba eso pone un riesgo de que pueda ser agredido, lo pueda maltratar, etc».

Ante el peligroso actuar de quienes ven sus áreas verdes, el concejal señalo que lo mejor es atacar esta práctica. «Las multas, es lo que les duele a las personas, es una forma también de educar, apretando el bolsillo que es donde más duele, a las personas