El director regional de la entidad, Ángelo Hernández, alertó que cruzar cauces crecidos y construir en terrenos expuestos, puede poner en riesgo vidas y dificultar la respuesta ante emergencias, «las se producen por la exposión de las personas», afirma.

Por René Martínez Rojas

Aunque el sistema frontal llegó con menos fuerza que el registrado en julio, las lluvias dejaron situaciones complejas especialmente en Los Vilos y Canela, en la provincia de Choapa, y en Monte Patria y Punitaqui, en Limarí.
Sin embargo, «y pese a que lo venimos diciendo hace rato», cuenta Ángelo Hernández, director regional de Senapred, la irresponsabilidad nuevamente marcó la pauta.
En Canela, por ejemplo, donde uno de los eventos más complejos, y que pudo haberle costado incluso la vida de una persona, se dio cuando un conductor intentó cruzar un badén activado.
Por ende, el vehículo quedó atrapado con la persona en su interior y expuesta al riesgo de ser arrastrada por la corriente. Para concretar el rescate, se desplegaron medios desde Combarbalá y colaboraron vecinos del sector.
«Entonces, las emergencias se producen no por el evento, sino que, por la exposición de las personas. Y producto de esa irresponsabilidad, ¿quién paga lo que se gasta y el riesgo a los voluntarios que tienen que concurrir bajo esas condiciones a socorrer a una persona que fue irresponsable? Cuando -como sociedad- nos demos cuenta de lo que el Estado gasta cada vez que existe una irresponsabilidad, sabremos la cantidad enorme de dinero que se derrocha por malas decisiones. Y después agachan la cabeza…».

Riesgos en asentamientos y loteos

De igual manera Hernández extendió la advertencia a los asentamientos irregulares, y a la ocupación de terrenos expuestos a amenazas.
Según plantea, algunas personas vuelven a instalarse en sitios de los que habían sido erradicadas, incluso después de recibir soluciones habitacionales. También vinculó la ocupación de zonas de riesgo con la falta de vivienda y con migraciones irregulares.
Como ejemplo, mencionó lo que sucede en Cruz de Caña, «donde existen los loteos irregulares, que es otra figura».
En ese lugar, precisa, se venden sin que el terreno cuente necesariamente con las condiciones o autorizaciones requeridas para construir.
«Hay gente que ha comprado su terreno en forma legal, honesta, pero porque no están las debidas autorizaciones para la construcción de las viviendas en las ubicaciones que ellos definieron o donde les vendieron los terrenos. Y al final se transformaron en un punto complejo de manejar, sobre todo bajo ciertas condiciones o amenazas. Y estas personas lotean, dividen en varios terrenos y los venden, cuando el espacio no está concebido para esa cantidad de vivienda por metro cuadrado».
A su juicio, parte del problema recae en quienes comercializan esos terrenos aprovechándose de la necesidad de las personas, «y esa irresponsabilidad hace que muchos intervengan las quebradas para generarle más atractivo a la gente que quiera comprar. Por lo mismo, las bloquean y allanan el terreno para que aparentemente esté todo bien, cuando el problema es que el agua naturalmente va a escurrir por donde siempre lo ha hecho».