Arzobispo: Gratitud a Dios por año transcurrido y proyectarse con esperanza para el 2017

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7-En conversación con Mons. René Rebolledo repasó los acontecimientos sociales y eclesiales mayormente significativos.
¿Con qué actitud invita usted a afrontar el final del año?
Ante todo es un grato deber manifestar nuestro agradecimiento a Dios, puesto que, como hemos recordado en varias ocasiones estamos en sus manos, también a su Hijo Jesucristo, dado que Él es el Señor de la historia y de los tiempos. Es preciso agradecer a Dios el don de la vida, la de los seres queridos, vecinos, colegas de trabajo, personas que nos han acompañado en acontecimientos significativos, entre otros.
Por otra parte, es importante volver la mirada sobre la senda recorrida. Es oportuno considerar, después de algún tiempo, los aciertos, las experiencias significativas, la contemplación del presente con realismo y buen discernimiento. Todo ello corrobora para proyectarse con esperanza al porvenir.
Sin duda, desde esta perspectiva brotará una expresión agradecida por todo acontecimiento y circunstancia vivida, las felices y dolorosas, las agradables y complejas. Para el discípulo misionero de Jesucristo todo vendrá en su ayuda, le hará crecer y madurar. Al respecto el Apóstol Pablo señala: «Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman» (Rom 8, 28).
¿Qué acontecimientos sociales, le parece, se debiera tener en cuenta a la hora de un balance del año que termina?
Son muchos los acontecimientos vividos a lo largo de este año. Es importante contemplar no sólo la vida personal y familiar, sino también la de nuestro pueblo, sus manifestaciones, las voces que se alzan. ¡Dios camina con su pueblo!  Jesucristo, como hemos dicho, es el Señor de la historia. Dios habla también en los acontecimientos que vive su pueblo.
Me parece importante que atendamos, cada cual desde su posición, a los movimientos sociales. En ellos se expresan demandas que pudieran haber sido olvidadas o ignoradas. El pueblo busca el modo de manifestarlas.
Luego, hay otra serie de situaciones que remecen a nuestra sociedad. Basta tener presente las relaciones impropias entre el dinero y la política, la persistente desigualdad social, la crispación en el debate público, las frecuentes descalificaciones, las demandas no plenamente satisfechas de los pueblos originarios, la precariedad en que viven numerosas familias, el conocimiento de que numerosos niños han fallecido en hogares… En fin, pareciera que esta enumeración de situaciones dolorosas y complejas que vivimos a nivel país pudiera ser aún mucho más extensa.

En el camino pastoral de la Arquidiócesis hemos afrontado este año la prioridad Familia, como centro de la vida social, cultural y religiosa, como también tesoro de nuestro pueblo. Impresionan las potentes manifestaciones a favor de la familia y la vida. Es un llamado perentorio, asumir la protección y defensa de la vida, como también favorecer todo lo que pudiera fortalecer a la familia.
Al recordar acontecimientos eclesiales relevantes, es preciso que reitere mi cordial gratitud por la restauración del templo parroquial de Andacollo. Son numerosas las instancias que han colaborado, entre ellas el Gobierno Regional, la Municipalidad de Andacollo, la parroquia; también gran número de personas. A todos ellos un agradecimiento muy profundo. La Virgen Santa interceda por todos nosotros.
La vida pastoral en las parroquias y comunidades, en las ciudades y los numerosos pueblos que conforman la Arquidiócesis, es abundante, por ello es difícil enumerar las actividades que se realizan con el propósito de anunciar a Jesucristo. Él sabe que a los sacerdotes, diáconos permanentes, religiosas y religiosos, agentes pastorales, les mueve la urgencia de anunciarlo a nuestros contemporáneos. Le pido con humildad que Él bendiga la obra de sus manos.
¿Algún mensaje que quisiera entregar para concluir ?
Junto con saludar al pueblo que peregrina en la Región de Coquimbo, les deseo ventura personal y familiar para el año venidero. Por todos rezo con las palabras inspiradas del salmista: «Que el Señor tenga piedad y nos bendiga, que nos muestre su rostro radiante» (Sal 67 (66), 2). ¡Que tengamos la alegría de afrontar los desafíos del 2017 confiados en el Señor y con la esperanza fija en Él!

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