Don Jorge Rojas González: El guardián de la Ruta Antakari

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Pocos en la Región de Coquimbo saben de la existencia de la Ruta Antakari, que en lenguaje vial se denomina Ruta D-445, y menos aún de los lugares que existen en su trayecto y de las personas que viven en tan alejados parajes, especialmente en el tramo entre Vicuña y Río Hurtado. En medio de esa naturaleza virgen nos encontramos con el único habitante que nació y se crió en esta ruta que es usada desde los indios precolombinos (diaguitas e incas). Don Jorge Rojas González, con sus 79 años, no ha querido dejar la tierra de lo vio nacer a pesar que su esposa (Berta Álvarez), sus 7 hijos y sus nietos viven en Calingasta y otras zonas del Valle de Elqui.

Jorge Rojas nació en la antigua Hacienda El Pangue, ubicada más arriba de su actual ubicación. Sus padres eran crianceros; su madre de Quebrada de Paihuano y su padre de Serón. «Recuerdo que esta hacienda era muy próspera, había una lechería, se cosechaban porotos, maíz y pasto para los animales (vacunos, caballos y cabras). En la parte baja de la hacienda (en la actualidad) se ubicaba el hotel donde llegaban cientos de turistas de todo el país durante todo el año en coches, carretas o en caballo para descansar y sanarse de algunas enfermedades en las aguas subterráneas. Se iban casi sanos del reumatismo y enfermedades a la piel», cuenta este hombre de mirada tranquila y voz reposada.

Expresa su felicidad al saber que en un futuro no muy lejano su patrón y actual dueño de la hacienda, Jaime Flores, pretende explotar el sector de las aguas subterráneas con fines turísticos. «Me alegra que este lugar a futuro sea visitado por más personas para disfrutar de la tranquilidad y de las aguas milagrosas de la hacienda que ha tenido varios dueños en su historia y con todos ellos he trabajado», señala.

Indica que cuando era niño el dueño de la hacienda era Juan Luis Rojas, de La Serena; luego fue don Joaquín Naranjo, Roberto Peralta, los hermanos Puerta Roldán y don Orlando Flores, padre del actual dueño.

Como lugareño neto de la hacienda y conocedor de toda la ruta, sabe de las historias y leyendas que existen en esos apartados paisajes rodeados de cerros, flores y fauna silvestre que son abundantes en años lluviosos. Una de las historias que nos narra es la del sector Tres Cruces: «Se llama así ese lugar, cerca del límite con Río Hurtado, porque allí murieron tres mineros atrapados en la nieve durante un invierno muy crudo y en su memoria se levantaron tres cruces de madera. Ellos trabajaban en una mina de plata ubicada en el Cerro Negro, que hoy día está inundada con agua».

Otra historia dramática es la relacionada con una animita ubicada kilómetros antes de llegar a la hacienda, en el sector El Romerito. Al respecto relata: «Allí en el año 1933 un arriero oriundo de El Chañar, Río Hurtado, llamado Enrique Romero, fue asaltado por dos sujetos y lo mataron con una escopeta. Don Enrique tenía como 45 años y era arriero de don José Callejas, quien tenía terrenos en Vicuña y en Río Hurtado, y trasportaba los frutos que producía su patrón, como huesillos y porotos. Lo asaltaron dos tipos, uno se llamaba Enrique Santander, de unos 35 años que era de El Chañar; y un joven de unos 16 años que se llamaba Pedro Zarricueta, que vivía en El Tambo. Ambos fueron detenidos tiempo después por la policía en Vallenar. Y en su memoria se construyó una animita en el sector El Romerito, que lleva su nombre».

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