Mistralianos en alerta porque restos mortales de Romelio Ureta serían depositados en la huesera del cementerio de Coquimbo

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Un voz de alerta dieron ayer por redes sociales los amantes y seguidores de la obra de la gran poetisa elquina, Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral: «Estamos frente a una situación grave, de daño irreparable al patrimonio regional vinculado a la poeta Gabriela Mistral… Los restos del malogrado inspirador de su obra premiada «Los Sonetos de la Muerte» (Romelio Ureta), están sepultados en el cementerio de Coquimbo, y por informaciones de otros mistralianos, a punto de ser sacados del nicho donde se encuentran para ser depositados en la huesera común.

Se sabe que el próximo martes se ejecutaría la orden de arrasar con el sector donde está sepultado Romelio.

«Sería un tremendo atropello, máximo a los 130 años del nacimiento de Mistral», nos hace ver un mistraliano quien ademas nos adjunta el texto del mistraliano mayor don Jaime Quezada donde aporta datos interesantes del tema.

Romelio Ureta y Los Sonetos de la Muerte
(Fragmento)

Unos famosos Juegos Florales celebrados en Santiago, el 22 de diciembre de 1914, darán flor natural, medalla de oro y corona de laurel, y nombre definitivo a Gabriela Mistral (1889-1957). Con ese nombre-seudónimo firma su célebre trilogía de Los Sonetos de la Muerte, de tanta motivadora presencia en la vida misma de la autora, pues conlleva una muy sentimental y, a su vez, trágica leyenda e historia: la presencia y suicidio de Romelio Ureta Carvajal (1882-1909).
Por 1907 Gabriela Mistral (entonces Lucila Godoy Alcayaga) conoce al joven empleado ferroviario de Coquimbo.
Ella todavía no llega a los veinte años de edad y trabaja como profesora (preceptora interina) en la escuela de La Cantera, lugarejo en unas dunas cercano al puerto coquimbano.
Aun cuando celebra su bella cabeza, Gabriela Mistral define a Romelio Ureta como un hombre vulgar y de un rostro casi feo: «Pero nos pusimos de novios, aunque él no tenía dinero para tomar mujer. Un día me dijo que se iba al norte a buscar trabajo en las minas para hacer dinero y regresar a buscarme para que nos casáramos.
Aquella promesa constituye el recuerdo más dulce que tengo de él. Volvió al poco tiempo sin nada, también dejamos de vernos y de escribirnos».
Dos años después de aquella «dulce promesa», el jueves 25 de noviembre de 1909, Romelio Ureta se suicida, disparándose un tiro de revólver en la sien derecha.
El suceso conmueve a la comunidad coquimbana y, de manera especial, a Gabriela Mistral, que entonces ejercía como maestra en la escuela rural de Cerrillos, cerca de Ovalle.
La misma Mistral contará el emocional y pasional suceso: «Como Romelio no podía seguir el tren de lujo en que se hallaba metido, se había dedicado a jugar. Un día tomó dinero de la caja del ferrocarril donde era empleado. En un momento de desesperación, decidió quitarse la vida.
Antes del suicidio rompió todas las cartas. Después se vistió para la muerte y se disparó un tiro.
Pero en un bolsillo se le encontró una postal mía. ¿Por qué estaba allí cuando hacía un tiempo que no nos escribíamos? A causa de aquella tarjeta, sin embargo, se asoció su nombre conmigo. Yo no tuve nada que ver con su suicidio».
Sin embargo, también, el trágico suceso, además de su aureola de mito y de leyenda, motivará en Gabriela Mistral literaria y poéticamente la escritura de una serie de poemas: Los sonetos de la muerte, entre ellos, y que la misma autora los fechará en 1909, haciendo referencia, en dicha fecha, al suceso trágico que los motiva y que, en definitiva, darán celebridad universal a la futura Premio Nobel. Gabriela Mistral incluirá íntegramente estos tres antológicos Sonetos en su libro Desolación, su primera obra publicada en 1922.

Jaime Quezada: «Historia de Los Sonetos de la Muerte de Gabriela Mistral».

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