Quiénes son y qué hacen los Cascos Rojos de DD.HH.

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Todos son profesionales en diferentes áreas, y reconocen «haber recibido algún tipo de agresión por parte de Carabineros». Su misión es el seguimiento de los detenidos, acompañar a las víctimas, prestar asesoría jurídica y apoyo psicológico…

En medio de los gases y las lacrimógenas, están ellos. Desde el 18 de octubre, y de manera permanente, lo hacen monitoreando las marchas para ver si existe exceso policial.
Patricio Arias (43) es uno de ellos. Es el vocero y su labor, como la del resto de sus once compañeros, es bien concreta: registrar nombre, edad y cualquier información de los detenidos, incluyendo la hora de arresto. Después el seguimiento, acompañan a las víctimas, colaboran con asesoría jurídica y apoyo psicológico. Incluso, testimonios dentro de la unidad policial si es posible, o después de la liberación.

«¿Qué hacemos? Monitorear las manifestaciones», señala Patricio. Y agrega que «nuestra función no es solamente custodiar las marchas y la integridad de las personas, sino que también fiscalizar el actuar de Carabineros, que últimamente ha sido muy represivo y se han saltados muchos protocolos que deben cumplir respecto a las marchas y con las personas», avisa.

Y todo, claro, ad honorem y sin dinero de por medio, pues «todos somos voluntarios, profesionales en diferente áreas, y cada uno tiene una labor diferente dentro de la organización, aunque somos más bien horizontales, ya que siempre tomamos en una reunión las decisiones del grupo. Acá, por ejemplo, somos 12 personas, y en Coquimbo tenemos otro grupo de siete compañeros, y queremos ir conformando y articulando otros grupos de observadores en las diferentes ciudades de la región».

Asegura que el no recibir un incentivo económico o que deban acomodar sus horarios de trabajo para hacer esta labor, no significa que lo que hacen sea poco riguroso. Al contrario, pues cada vez que hay un detenido «nosotros ahí estamos, pidiendo el nombre y ver a dónde es derivado. También trabajamos de manera integral, ya que tenemos médicos, psicólogos y un grupo de abogados que nos ayudan en todo lo que tiene que ver con el proceso de la víctima y su familia, pues también hacemos contención cuando vamos a la comisaría y estamos con los padres del o de los detenidos. Lo que hacemos es llamar a los padres, les explicamos la situación en la que se encuentra su hijo, y una vez que llegan les damos contención…».

Se cumplieron cuatro meses desde que comenzara el estallido social y los cascos rojos más de algún inconveniente con Carabineros han tenido, como reconoce Arias.

«De hecho, muchas veces fuimos golpeados, y todos los integrantes del equipo de La Serena recibieron algún tipo de agresión por parte de ellos, pero después, con la ayuda de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, que también nos aporta, hoy las cosas están un poco más calmadas, dado que ellos (Carabineros) ya nos conocen y saben la función que estamos cumpliendo, aunque igual a veces nos molestan, pero no como antes».

La jornada para cada uno de los voluntarios comienza en la mañana, en sus respectivos lugares de trabajo, y luego bien puede extenderse hasta altas horas de la madrugada, dependiendo de la cantidad de detenidos.

«Si bien las marchas terminan antes, nosotros seguimos con la labor de estar con el detenido, con la familia, esperar que salgan las personas desde las comisarías, o esperar que llegue la última familia para entregarle la tranquilidad necesaria y constatar que el detenido esté en el lugar y que se encuentre bien, así que muchas veces llegamos a nuestros hogares cerca de las 3 ó 4 de la mañana».

Los primeros días partieron sólo con libretas y credenciales colgadas en las que se leía Observadores de Derechos Humanos. Como siempre estaban en «la línea de fuego», y aunque la exposición a las bombas lacrimógenas los llevó a comprarse máscaras antigases para protegerse y con el tiempo los cascos rojos, Arias advierte que son un organismo totalmente independiente del INDH.

«Somos gente de la sociedad civil que conformamos y armamos esta agrupación en defensa de los derechos de las personas y hoy somos reconocidos por los Derechos Humanos, quienes nos prestan su apoyo para seguir cumpliendo con esta labor, que nosotros mismos decidimos hacerla para la defensa de los derechos de las personas».
Respecto a que si en La Serena hay gente que haya sido torturada, cuenta que sí, «que hay personas que nosotros sabemos y que no ha querido hacer la denuncia, quizás por temor, y tenemos hasta casos de menores de edad que han sido víctima de la represión policial. Por lo que nosotros hemos recabado, los primeros dos meses sí hubo un abuso sistemático, y ahora, debido a la cantidad de personas que están marchando, que ha sido menor, ha bajado un poco, lo propio con el hostigamiento de parte de Carabineros, que en su momento, en los dos primeros meses, fue bastante sistemático».

Para Arias y los demás cascos rojos, es súper difícil saber hasta cuando seguirá esto, debido a que cada día que pasa es distinto al anterior. No obstante, se habla de que marzo se viene complicado, «y de hecho, en redes sociales anda dando vuelta un calendario con marchas, y por eso ya tenemos que estar atentos para comenzar a planificarnos como organización. ¿Sabe? Para el día del partido de Coquimbo, cuando se suspendió, fue duro y bastante agresivo el accionar de Carabineros allá en Coquimbo, donde hubo mucha bomba lacrimógena y balines, los que iban directamente al cuerpo, y no era extraño para nosotros, pero si para las personas que estaban viendo y que estaban en la marcha».

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