Clara Campusano cuenta quién es el joven detrás del caso que conmocionó a El Sauce tras intervenir en un episodio de violencia intrafamiliar que afectaba a una vecina. También relata el dolor de verlo tras las rejas mientras el otro involucrado en los hechos cumple arresto domiciliario.
Por: Valentina Echeverría O.
La llamada llegó pasada la una de la madrugada del 27 de abril. Al otro lado del teléfono estaba su nuera, llorando. «Cuando te llaman a esa hora es porque nada bueno pasó. Yo pensé que había chocado, que había tenido un accidente. Jamás pensé que pudiera pasar algo así», recuerda Clara Campusano, madre de Cristopher Hidalgo.
El joven permanece en prisión preventiva desde hace más de un mes, luego de ser formalizado por homicidio frustrado tras intervenir en un episodio de violencia intrafamiliar que afectaba a su vecina en el sector El Sauce de Coquimbo.
De acuerdo con el relato de su madre, Hidalgo salió de su vivienda durante la madrugada tras escuchar una discusión en el exterior y terminó enfrentándose con el presunto agresor tras intervenir a favor de su vecina. Según sostiene, durante el incidente el hombre lo habría amenazado con un cuchillo, tras lo cual Christopher le propinó golpes de puño que le provocaron lesiones de gravedad. Actualmente, espera una audiencia fijada para el 13 de agosto, en la que podría revisarse una eventual recalificación del delito
Clara asegura que su hijo no salió de su casa buscando una pelea. Según cuenta, él y su pareja habían bajado únicamente para guardar el automóvil que mantenían estacionado afuera. «Ellos escuchaban los gritos desde afuera y cómo alguien derrapaba con el vehículo en la calle para hacer ruido. Él salió porque quería entrar el auto, porque pensó que se lo podían chocar», relata.
Lo que ocurrió después forma parte de la investigación judicial. Pero para Clara, más allá de la causa penal, existe otra historia: la del hombre que ella conoce desde siempre. «Siempre hizo todo bien, es una persona intachable y no lo digo porque sea su madre.
Siempre hizo todo bien y aun así está pasando por esto», dice, conteniendo las lágrimas.
Christopher tiene tres hijos, estudia, juega fútbol y, hasta antes de su detención, trabajaba de forma independiente vendiendo almuerzos los fines de semana. «Él está muy preocupado por sus estudios. Siempre ha sido muy responsable con eso. Está frustrado, nervioso, preocupado porque no sabe qué va a pasar con su carrera», cuenta su madre.
Lo más difícil para la familia son las visitas. La primera vez que pudieron verlo fue más de una semana después de que quedara en prisión preventiva. «Fue de muchas emociones, muchos llantos, muchas preguntas también», recuerda.
Desde entonces, cada encuentro se repite de la misma forma. «Cuando uno llega a la visita, llega muy feliz. Va con todas las energías positivas, con ganas de verlo, de llevarle sus cosas». Pero la sensación cambia cuando llega el momento de despedirse. «Después, cuando avisan que la visita se terminó, es un sentimiento terrible. Es muy difícil salir y ver cómo tu hijo queda ahí encerrado. Ver cuándo cierran la reja y que ellos se despidan es muy difícil».
Pese a encontrarse privado de libertad, Clara asegura que su hijo sigue preocupado por otras personas. Incluso por la misma vecina involucrada en los hechos. «El primer día de visita preguntó por ella. Nos dijo que le lleváramos cosas para comer, que viéramos si necesitaba ayuda, que no la dejáramos sola».
No le sorprendió. Según cuenta, esa disposición a ayudar ha marcado toda su vida. Recuerda que más de una vez le pidió dinero prestado para comprar rifas solidarias de las que ni siquiera miraba el precio del número, ayudaba a compañeros o colaboraba con personas que atravesaban momentos difíciles. «De repente no tenía para él, pero sí tenía para ayudar a otra persona».
Por eso cree que la decisión de intervenir aquella noche no fue casual. «De todos los vecinos que estaban escuchando lo que pasaba, él fue el único que intervino, que no pudo pasar derecho a guardar el auto mientras veía lo que estaba pasando».
A la pena de ver a su hijo privado de libertad se suma una sensación permanente de injusticia. Clara asegura que «tienen preso a mi hijo, que intentó defender a una mujer y después defenderse él mismo, y tienen suelto a un tipo que tiene denuncias por violencia intrafamiliar. ¿Cómo puede creer uno en la justicia?», cuestiona, señalando que el otro involucrado en el caso enfrenta la causa con arresto domiciliario.
Hoy, mientras espera que la justicia revise nuevamente su situación procesal, Clara asegura que la familia intenta mantenerse firme. Pero reconoce que la noticia de que deberá permanecer varios meses más en prisión preventiva fue un golpe difícil de asimilar. «Es mucha impotencia y mucha rabia».




























