Con el paulatino repliegue del fenómeno macro del Niño que marcó las temporadas anteriores, los radares meteorológicos centran su atención en un evento más acotado pero de alto impacto para la macrozona norte del país: el denominado «Niño Costero».

Por Joaquín López Barraza

Aunque la presencia de este fenómeno ya eleva los termómetros en la costa, los análisis técnicos descartan que el alza en la temperatura del mar signifique un pronóstico automático de precipitaciones para los meses de verano.

El Niño Costero se genera por un calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico frente a Perú y Ecuador, producto de un cambio en la circulación de los vientos alisios que debilita el ascenso de aguas frías profundas y desplaza masas cálidas desde el Pacífico ecuatorial.

La meteoróloga jefa de Meteored, Pamela Henríquez, detalla que este incremento térmico en el mar ya muestra efectos directos en el norte de Chile.

«Este calentamiento también se extiende hacia el norte del país, donde se han observado aguas más cálidas en las costas. Esto puede favorecer temperaturas más altas en ese sector, especialmente en la costa, además de generar un impacto relevante en el ecosistema marino», señala la especialista.

A pesar del aumento en la temperatura marina, la experta enfatiza que un mar más caliente no representa una promesa de agua en el territorio.

«El Niño Costero por sí solo no significa necesariamente que va a llover en el norte de Chile. Para que ocurran precipitaciones tienen que coincidir otras condiciones atmosféricas, como la llegada de una vaguada en altura o bajas segregadas», explica Henríquez.

La clave para que el vapor generado en la superficie marina se transforme en lluvia radica en la inestabilidad atmosférica. Cuando un sistema de baja segregada —que aporta aire frío en niveles medios y altos— cruza sobre el aire cálido y húmedo de la superficie, se produce un ascenso acelerado que condensa la humedad y la enfría.

Este proceso da origen a nubes de gran desarrollo vertical (Cumulonimbus), capaces de provocar precipitaciones intensas en cortos periodos de tiempo, chubascos y granizadas.

Proyección hasta
el verano de 2027

Respecto a la duración de este fenómeno oceánico, las proyecciones indican que su comportamiento será prolongado y similar al del Niño 3.4 que impacta a la zona central.
«Se está observando su evolución y lo más probable es que se extienda por lo menos hasta el verano del 2027», proyecta la meteoróloga de Meteored.