Las emergencias tienen una particularidad: no distinguen entre comunas, actividades económicas ni colores políticos. Cuando la naturaleza golpea con fuerza, lo primero que queda en evidencia es la vulnerabilidad de un territorio. Pero también aparece algo igual de importante: la capacidad que tenemos para responder juntos.
Eso volvió a ocurrir en la Región de Coquimbo.
El sistema frontal dejó miles de viviendas afectadas, caminos dañados, localidades aisladas y una fuerte presión sobre la agricultura, el comercio, el turismo y las familias que vieron alterada su vida en cuestión de horas. Frente a una situación de esa magnitud, la prioridad nunca puede ser otra que proteger a las personas y recuperar, lo antes posible, las condiciones para que la región vuelva a ponerse en marcha.
Ese esfuerzo comenzó incluso antes de que llegaran las lluvias y continuó durante toda la emergencia. Hubo coordinación entre servicios públicos, municipios, equipos de emergencia, policías, Fuerzas Armadas y cientos de funcionarios que estuvieron en terreno cuando más se les necesitaba. A ello se sumó el trabajo para restablecer la conectividad, levantar los catastros de afectación, mantener albergues para las familias damnificadas, apoyar a los sectores productivos y avanzar en medidas como la declaración de emergencia agrícola y las reuniones con representantes del comercio y el turismo para abordar la recuperación.
Por supuesto, siempre habrá espacio para revisar lo que pudo hacerse mejor. Esa es una obligación de cualquier Gobierno y también una exigencia legítima de la ciudadanía. Pero sería un error quedarnos solo en ese debate. Hoy la tarea es otra: impulsar la recuperación de la Región de Coquimbo.
Eso significa reestablecer infraestructura, apoyar a quienes perdieron parte de sus fuentes de ingreso, acelerar la reposición de servicios y entregar soluciones habitacionales donde sean necesarias. Significa también fortalecer la capacidad de respuesta del Estado y prepararnos mejor para eventos climáticos que, lamentablemente, serán cada vez más frecuentes.
Nuestra Región de Coquimbo ha enfrentado antes sequías, terremotos, incendios y otros temporales. Siempre ha encontrado la manera de salir adelante porque, cuando las circunstancias lo exigen, demuestra que siempre la solidaridad pesa más que la adversidad.
Ese es el desafío que hoy tenemos por delante. No volver al punto en el que estábamos antes del temporal, sino aprovechar este proceso para recuperar con más fuerza nuestra actividad, fortalecer nuestras comunidades y prepararnos para el futuro. Esa tarea requiere tiempo, compromiso y unidad. Tengo la seguridad de que, trabajando juntos, volveremos a demostrar que ninguna emergencia es más grande que la voluntad de una región que sabe levantarse.
Darwin Cortés Palma, Seremi de Gobierno de la Región de Coquimbo.































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