La segunda iglesia más antigua de Coquimbo, ya afina los detalles para celebrar un acontecimiento histórico: el cumpleaños número 100 años de vida parroquial.

Por Javiera Escudero

Aunque la construcción del templo comenzó hace más de 135 años, fue el 27 de noviembre de 1927 cuando fue erigida oficialmente como parroquia, fecha que marcará el comienzo de las actividades conmemorativas que se extenderán durante todo un año.
El párroco Fernando Castro comentó «vamos a comenzar el jubileo de los 100 años. Es un momento muy importante para la comunidad que se mantiene más viva que nunca». Si bien este 2026 cumplen los 99 años serán 365 días con múltiples actividades celebrando el gran cumpleaños. La historia de San Luis se remonta a fines del siglo XIX, cuando la benefactora escocesa Inés Chesney Cosgrove donó una extensa manzana de terrenos al Arzobispado de La Serena, comprendida entre las actuales calles Camilo Henríquez, O’Higgins y Portales.
En aquella época, la única parroquia existente en Coquimbo era San Pedro, ubicada en la Plaza de Armas. Sin embargo, el crecimiento de la población hizo necesario levantar un nuevo centro religioso para atender a los habitantes de la Parte Alta y sectores aledaños.
Así comenzó la construcción del templo, cuya primera piedra fue colocada alrededor de 1891.
Entre los tesoros patrimoniales que conserva el templo destaca una singular pieza histórica: una campana fabricada en la antigua Fundición de Guayacán, considerada «hermana» de una de las campanas que posee la parroquia San Pedro.

Una comunidad que no pierde la fe

A pesar de estar lejos del circuito habitual del centro de Coquimbo, San Luis mantiene una fuerte identidad comunitaria.
«Siempre nos dicen que estamos detrás de San Isabel. No tenemos una plaza frente a la iglesia como otras parroquias, pero la gente quiere muchísimo este lugar», comenta el padre Fernando.
Ese cariño quedó demostrado en 2024 cuando la comunidad logró reunir en apenas cuatro meses los recursos necesarios para pintar completamente el templo.
«Lo logramos gracias al sentido de pertenencia que tiene la gente. Para ellos esta es su parroquia y la cuidan como propia, desde que se pintó no le han hecho ni un solo grafito «, relata.
Actualmente, la parroquia atiende un extenso territorio que abarca sectores como Parte Alta, Guayacán, Baquedano, El Llano, Lourdes y La Herradura, entre otros.
Si bien reconoce que los cambios demográficos han reducido la presencia de jóvenes en el casco histórico de la comuna, el párroco destaca que la fe sigue viva gracias al compromiso de sus feligreses.
«Las personas mayores son las primeras en llegar y las últimas en irse. Son ellas quienes sostienen gran parte de la vida pastoral de la parroquia», señala.
El padre Fernando asegura que lo más importante son los 100 años que cumple la comunidad, ya que sin feligreses la iglesia no es nada.