Exvocalista de Los Miserables, escritor, artista visual y gestor cultural, hoy lidera el componente biopsicosocial del programa Liberando Talento en el centro IP-IRC Coquimbo. Desde la creación musical, acompaña a adolescentes y jóvenes en un proceso que fortalece su desarrollo personal, social y emocional, abriendo nuevas oportunidades para proyectar sus vidas.
La música ha acompañado a Álvaro Prieto durante gran parte de su vida. Licenciado en Artes con mención en Pintura de la Universidad de Chile, escritor de literatura infantil, gestor cultural y exvocalista de la emblemática banda de rock Los Miserables, hoy pone esa experiencia a disposición de adolescentes y jóvenes que participan en el programa Liberando Talento, iniciativa del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio que se desarrolla en el centro IP-IRC Coquimbo del Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil. Desde allí, impulsa procesos creativos que buscan fortalecer la expresión, la confianza y la construcción de proyectos de vida a través de la música.
—Tu trayectoria ha estado ligada al arte, la música y la gestión cultural. ¿Cómo llegas a trabajar con adolescentes y jóvenes en proceso de reinserción?
Mi trabajo siempre ha estado relacionado con la creación artística, pero también con el desarrollo de las personas y las comunidades. A lo largo de los años he visto cómo el arte puede convertirse en una herramienta poderosa para generar vínculos, fortalecer identidades y abrir nuevas posibilidades. Trabajar con adolescentes y jóvenes en proceso de reinserción me permite poner esa experiencia al servicio de procesos que tienen un profundo sentido humano y social.
—¿Qué es lo que más destacas del programa Liberando Talento?
Siempre es importante resaltar los beneficios menos cuantificables de este tipo de programas. Muchas veces se pone el foco en el talento musical o en los conocimientos técnicos que desarrollan los participantes, pero hay otros aspectos que son fundamentales. A través de la música se generan procesos sociales y psicológicos muy significativos.
Sin transformarnos en terapeutas, vemos cómo los jóvenes mejoran su capacidad para relacionarse con otros, desarrollan herramientas de expresión verbal, fortalecen formas de organización y adquieren recursos que les sirven para distintos ámbitos de la vida. Son aprendizajes que muchas veces no aparecen en una estadística, pero que tienen un enorme valor.
—¿Por qué la música tiene ese potencial transformador?
Porque moviliza muchas dimensiones al mismo tiempo. Hoy la neurociencia ha confirmado algo que el arte viene mostrando desde hace mucho tiempo: que los aspectos más sutiles de la experiencia humana impactan profundamente en las personas, de manera consciente e inconsciente.
La música permite expresar emociones, construir identidad, fortalecer vínculos y desarrollar capacidades comunicativas. Cuando un joven encuentra un espacio donde puede crear, compartir y sentirse escuchado, comienzan a ocurrir transformaciones que van mucho más allá del aprendizaje musical.
—Este año el programa cuenta con un estudio de música y grabación profesional al interior del centro. ¿Qué significa eso para el trabajo que realizan?
Es una mejora enorme. Quiero destacar las condiciones favorables y cómodas en las que estamos trabajando y cuánto eso ayuda al desarrollo de todo el proceso. Por primera vez contamos con un estudio de grabación profesional para implementar Liberando Talento al interior de un centro de justicia juvenil.
Es un fenómeno bastante poco visto y realmente extraordinario. Tenemos una mesa de sonido, instrumentos y toda la implementación necesaria, pero el valor del espacio va mucho más allá de la tecnología o del equipamiento.
Se transforma en un lugar que los jóvenes hacen suyo, donde generan identificación, se sienten cómodos y encuentran posibilidades reales de creación. Es un espacio de pertenencia, de expresión y de confianza. Eso tiene un impacto muy importante en la motivación y en el compromiso que desarrollan con el proceso.
—¿Cómo influye ese espacio en la experiencia de los participantes?
La música ya tiene efectos positivos cuando la escuchamos o nos conectamos emocionalmente con ella. Esos beneficios se multiplican cuando la interpretamos y son aún mayores cuando la creamos.
Por eso, contar con un lugar especialmente diseñado para la creación musical abre muchas posibilidades de desarrollo. No sólo durante el tiempo que permanecen en el programa, sino también pensando en los desafíos que enfrentarán cuando estén fuera del centro. Esa es la confianza que tenemos y donde ponemos nuestra energía.
—¿Ya es posible observar resultados concretos del trabajo que realiza Liberando Talento con jóvenes en proceso de reinserción?
Sí, y un buen ejemplo es uno de los jóvenes que había tenido la oportunidad de ingresar al estudio en algunas ocasiones antes de esta nueva versión de Liberando Talento. Esa experiencia previa le permitió adquirir conocimientos básicos que hoy están dando frutos y le entregó la confianza necesaria para seguir avanzando en su aprendizaje.
A pesar de que los procesos han sido relativamente breves, ya maneja diversos elementos relacionados con la producción musical y ha desarrollado capacidades que le permiten desenvolverse con mayor seguridad. Eso también ha impactado en la forma en que se relaciona con los demás. Se siente más valorado por sus compañeros, por los profesores y por el entorno en general.
Lo más importante es que él mismo reconoce que ha encontrado una herramienta significativa para enfrentar los desafíos de la vida. Se identifica profundamente con lo que está haciendo en el estudio y visualiza la música y la producción musical como una alternativa real de desarrollo, tanto dentro como fuera del centro.
—Después de todo este trabajo, ¿qué te gustaría que la comunidad comprendiera sobre iniciativas como Liberando Talento?
Que la música y el arte no son solamente actividades recreativas. Son herramientas capaces de generar procesos de transformación profunda en las personas. Cuando un joven comienza a verse a sí mismo como alguien capaz de crear, aprender y proyectarse en una disciplina o en un oficio, ya estamos frente a un cambio importante.
Cuando un joven logra proyectarse de esa manera, entendemos que estamos avanzando en la dirección correcta. Ahí es donde la música deja de ser sólo una expresión artística y se transforma en una herramienta concreta para construir futuro.


































