Luego de recorrer los sectores más afectados de la conurbación, la organización sostiene que la reconstrucción abre una discusión más profunda sobre el acceso a la vivienda, el crecimiento de la ciudad y el futuro de las familias que hoy viven en zonas de riesgo.

Por Joaquín López Barraza

La emergencia dejó barrios bajo el barro, viviendas destruidas y cientos de familias que aún no saben si podrán volver a vivir donde estaban antes del sistema frontal.
Tras recorrer sectores como Islón y Cruz de Caña, TECHO plantea que el principal desafío ya no pasa únicamente por levantar viviendas de emergencia, sino por resolver qué ocurrirá con quienes habitaban zonas que hoy podrían considerarse de riesgo.

La organización, que trabaja de manera permanente con familias que viven en campamentos y asentamientos precarios, sostiene que esa discusión forma parte de su trabajo cotidiano y que la catástrofe volvió a ponerla en primer plano.

«Hoy la duda no es solamente cómo reconstruimos, sino si esas familias van a poder volver a construir en esos lugares. Y esa respuesta hoy nadie la tiene», señala Isidora García, directora social de TECHO.

Para la organización, esa incertidumbre explica por qué «esta emergencia no se resuelve solo con viviendas de emergencia».

García explica que, a diferencia de lo ocurrido tras grandes incendios forestales, donde el terreno suele quedar disponible para instalar rápidamente una vivienda transitoria, una inundación plantea un escenario completamente distinto.

«En un incendio uno puede instalar rápidamente una vivienda de emergencia y después iniciar la reconstrucción definitiva. En una emergencia como ésta quedan los cimientos, hay que despejar los terrenos y, además, primero hay que determinar si es seguro volver a construir allí. Eso hace mucho más compleja la respuesta», explica.

Mientras esa definición comienza a tomar forma, TECHO mantiene voluntarios apoyando centros de acopio, labores de remoción de barro y comunidades donde ya desarrolla trabajo permanente, al mismo tiempo que evalúa cuál será su participación en la etapa de rehabilitación habitacional.

Más allá de la emergencia

A partir de esa experiencia en terreno, García sostiene que la catástrofe también vuelve a instalar una discusión sobre el acceso a la vivienda.

A su juicio, las dificultades para acceder a una alternativa habitacional terminan llevando a muchas familias hacia sectores periurbanos o asentamientos informales, donde la exposición frente a amenazas naturales suele ser mayor.

«No podemos quedarnos solamente con la discusión sobre dónde levantar nuevamente una vivienda. Esta emergencia también obliga a preguntarnos qué condiciones hicieron que tantas familias terminaran viviendo precisamente en lugares donde hoy el agua arrasó con todo», plantea.