La Región de Coquimbo volvió a tener agua. Ahora la pregunta ya no es cuánto llovió, sino qué hará con ese recurso antes de que llegue la próxima sequía.
Por Joaquín López Barraza
Para Pablo Álvarez, director del Laboratorio PROMMRA de la Universidad de La Serena, el histórico sistema frontal no resolvió el problema hídrico, pero sí entregó algo igual de valioso: tiempo para corregir las debilidades que la región arrastra desde hace años.
«Esto no cambia la línea tendencial de largo plazo; solo nos permite pensar un poco más, tener una pausa y generar mejores acciones».
Consultado sobre qué debería hacer la región durante los próximos años, el investigador plantea una prioridad clara: fortalecer los Servicios Sanitarios Rurales, mejorar la infraestructura de captación de agua y revisar las reglas de operación de los embalses antes de que vuelva un período seco.
«No hay que abandonar el mejoramiento de los Servicios Sanitarios Rurales. Este mismo evento mostró falencias en su funcionamiento, además de problemas con sedimentos, pasos de quebradas y otras debilidades que tenemos que resolver».
Los embalses sí respondieron
En medio de una semana marcada por caminos destruidos, puentes cortados y canales dañados, Álvarez destaca que una parte importante de la infraestructura sí cumplió su función.
«Los embalses funcionaron súper bien». Explica que el bajo nivel de almacenamiento previo permitió contener buena parte de las crecidas y almacenar un volumen importante de agua que, de otra manera, habría seguido río abajo.
El desafío ahora es distribuir el agua
Donde sí identifica un problema es en las bocatomas y canales. Las crecidas modificaron cauces, destruyeron estructuras de captación y llenaron de sedimentos numerosos canales, dificultando que el agua llegue finalmente a quienes la necesitan. «A veces las sequías más grandes se producen justo cuando más llueve».
El académico explica que no se trata de una contradicción. Si una bocatoma deja de operar por los daños que provoca una crecida, el agua puede estar almacenada en los embalses, pero no logra distribuirse hacia los sistemas de riego.
Por ello, plantea revisar las reglas de operación de los embalses, fortalecer la infraestructura de captación y mantener proyectos que diversifiquen las fuentes de abastecimiento.
«De ninguna manera hay que abandonar la idea de progresar en la desalación o en otras fuentes alternativas de abastecimiento».
Para Álvarez, la mayor oportunidad que dejó este sistema frontal no está solo en el agua acumulada, sino en el tiempo que ganó la región para preparar mejor la próxima sequía.


































