Una semana después del primer cambio de gabinete del presidente José Antonio Kast, el oficialismo comenzó a destacar el respaldo ciudadano que recibió el ajuste ministerial realizado por La Moneda.

Por Joaquín López Barraza

La última encuesta Criteria, publicada este domingo, mostró que un 72% de los encuestados aprobó el cambio de gabinete impulsado por el mandatario. Sin embargo, la aprobación presidencial volvió a caer un punto y se ubicó en 37%, mientras la desaprobación llegó al 49%.

Los resultados comenzaron a ser leídos dentro del Gobierno como una señal de que el ajuste permitió contener parcialmente el deterioro político que venía enfrentando el Ejecutivo durante las últimas semanas.

De hecho, una minuta distribuida desde Palacio aseguró que el cambio generó un «nuevo momentum político» para el oficialismo.

Pero más allá del efecto inmediato en las encuestas, el episodio también abrió una discusión sobre el diseño que terminó consolidando Kast tras su primer remezón político.
Porque más allá de las salidas de Trinidad Steinert y Mara Sedini, el presidente optó por reforzar a las mismas figuras que ya concentraban poder dentro de Palacio.

Claudio Alvarado asumió simultáneamente Interior y vocería; Louis de Grange quedó liderando Transportes y Obras Públicas; y Martín Arrau aterrizó en Seguridad.

Para el sociólogo Manuel Escobar, académico de la Universidad Católica del Norte, existe un rasgo evidente en la estructura del Ejecutivo: la escasa dependencia de los partidos tradicionales dentro del gabinete.

«Este gabinete se construyó de una forma bien inédita. No es el diseño tradicional donde los partidos tienen una presencia dominante», explica.

A juicio del académico, Kast parece privilegiar figuras de máxima confianza antes que abrir espacios de mayor autonomía política dentro de la coalición oficialista.

«Cuando uno incorpora figuras fuertes de partidos políticos, también les entrega influencia y cierto grado de autonomía dentro del Gobierno», sostiene. El nuevo esquema dejó además ministros acumulando funciones y un gabinete más reducido que el original.

El senador Daniel Núñez apuntó precisamente a esa lógica dentro del Ejecutivo. «José Antonio Kast solo confía en gente de su absoluta confianza y tiende mucho a concentrar el poder», sostuvo.

El diputado Erich Grohs, en cambio, defendió el nuevo diseño y aseguró que el país necesita una estructura más enfocada en gestión que en disputas políticas internas. «El país ya no resiste más diagnósticos ni pugnas internas de coalición», afirmó.

Mientras el oficialismo destaca el respaldo que recibió el ajuste ministerial, el cambio también dejó instalado un gabinete con menor presencia partidaria y mayor concentración de funciones en figuras cercanas al presidente.