A doce días de la emergencia, la escuela del sector continúa funcionando como albergue para las familias más afectadas, mientras decenas de vecinos trabajan para recuperar sus hogares. Dirigentes y comunidad educativa coinciden en que la reconstrucción recién comienza.
Por: Valentina Echeverría O.
Las lluvias ya se retiraron de Islón y el sol volvió a iluminar el patio de su escuela. Sin embargo, la normalidad aún parece lejana. Mientras el establecimiento continúa funcionando como albergue, decenas de familias siguen intentando recuperar sus hogares y reconstruir la vida que el sistema frontal les arrebató.
Desde el domingo 19 de julio, la Escuela Islón abrió sus puertas para recibir a los vecinos afectados por la crecida de la quebrada. En los días más críticos llegó a albergar a 120 personas y, hasta este martes, permanecían 23, entre ellas las familias con mayores daños.
La directora del establecimiento, Nevenka Álvarez, explicó que el colegio no sufrió daños gracias a trabajos preventivos realizados meses antes por la municipalidad de La Serena, lo que permitió convertirlo rápidamente en su espacio seguro para la comunidad.
La situación ha obligado a postergar el regreso a los 127 estudiantes del establecimiento, quienes podrían retomar las clases la próxima semana si las familias que aún permanecen en el albergue logran ser reubicadas.
«El bien mayor era albergar a las personas. Nuestros estudiantes están esperando volver a clases y eso lo entendemos, pero primero debemos asegurar que estas familias tengan donde estar», aseguró la directora.
La reconstrucción
también es emocional
Más allá de la alimentación y los artículos básicos, la directora asegura que una de las preocupaciones también ha sido el estado emocional de quienes vivieron la emergencia. «Lo inmediato es la comida… ¿y la contención?¿quien la ve?», reflexionó, destacando la llegada de voluntarios y estudiantes de Psicología que han brindado apoyo a niños y adultos afectados.
Álvarez también valoró el trabajo realizado por profesores, asistentes, dirigentes vecinales y vecinos que, desde el primer día, organizaron la ayuda para las familias afectadas.
Destacó especialmente a Clara Valenzuela, Nadia Meriño y Luis Bolvarán, quienes —según relató— estuvieron en la primera línea desde la noche del domingo cuando comenzó la emergencia, coordinando la apertura del albergue y la recepción de los vecinos. Asimismo, agradeció el apoyo de Úrsula González y de Carmen, dueña del negocio ubicado frente al establecimiento, quien colaboró con la entrega de alimentos, además de los numerosos voluntarios que se sumaron en los días posteriores.
«Estamos todos enfermos de
los nervios»
Quien también ha vivido de cerca la emergencia es la presidenta de la Junta de Vecinos N°5-R de Islón, Carla Ortega, quien reconoce que el desgaste entre los dirigentes comienza a hacerse evidente. «Todavía está todo caótico. Estamos todos enfermos de los nervios», afirma.
Desde el inicio de la emergencia, explica, los dirigentes han coordinado la entrega de ayuda, organizado donaciones y acompañado a las familias más afectadas. Sin embargo, reconoce que el esfuerzo ha terminado por sobrepasarlos.
«Los dirigentes somos voluntarios y hemos estado desde el primer día. La verdad es que ya estamos colapsados», señala. Incluso reconoce que, una vez que la situación se estabilice, evalúa dejar su cargo debido al desgaste acumulado.
Lo que aún falta
Si bien el agua potable ya fue restablecida en gran parte del sector, las necesidades continúan siendo importantes para quienes perdieron sus viviendas o enseres.
La directora de la escuela menciona que hoy se requieren con urgencia carbón y leña para secar las casas, camas, colchones, ropa de cama, útiles de aseo y materiales de construcción para comenzar la recuperación de los hogares.
Por su parte, Carla Ortega plantea que el desafío no solo pasa por la ayuda inmediata, sino también por evitar que la historia vuelva a repetirse. «La naturaleza va a seguir tomando su curso», advierte, insistiendo en que las familias que perdieron sus viviendas deberían ser reubicadas en lugares seguros, lejos de las zonas de mayor riesgo.
Mientras la escuela continúa recibiendo a quienes aún no tienen dónde volver y los vecinos siguen limpiando el barro que dejó la quebrada, en Islón hay una convicción compartida: el sistema frontal terminó hace una semana, pero la reconstrucción del pueblo apenas comienza.



























