Mauricio Ibacache, fundador y director de la Orquesta Sinfónica Juvenil de La Antena, habla de la historia que existe detrás de la disputa entre ambas agrupaciones y de su particular relación con quien hoy encabeza la institución que los demandó.
Por Joaquín López Barraza
La disputa entre las orquestas de La Antena tiene una historia que va mucho más atrás que el conflicto actual. Mauricio Ibacache, fundador de la Orquesta Sinfónica Juvenil de La Antena, cuenta que la relación entre ambas instituciones y sus integrantes se remonta a los primeros años del proyecto musical que comenzó a desarrollarse en el sector.
Y hay un dato que, para él, hace especialmente dolorosa la situación: quien actualmente preside la Academia de Música Pedro Aguirre Cerda habría formado parte de aquellos primeros años de la orquesta.
¿Cuándo se enteró de que había un conflicto entre las agrupaciones?
Nos enteramos a fines del año pasado, aproximadamente en octubre o noviembre. Le llegó un aviso a nuestro presidente de un abogado de Santiago, señalando que no podíamos seguir utilizando el nombre de la Orquesta Sinfónica Juvenil de La Antena.
Después de eso dimos un par de conciertos y, a comienzos de este año, recibimos la notificación de la demanda.
Más allá de lo judicial, ¿qué es lo que más le sorprende de toda esta situación?
Yo creo que hay un mal asesoramiento para la directiva de la Academia Pedro Aguirre Cerda. Reitero que su actual presidente todavía forma parte de nuestro entorno histórico, porque aparece en el libro de registro y fue parte de nuestro primer directorio.
¿Por qué dice que eso vuelve más particular el conflicto?
—Porque a él lo formamos nosotros. Es una persona a la cual le dimos enseñanza gratuita e incluso le auspiciamos sus estudios universitarios. Entonces, que hoy esté como presidente de una institución que nos está demandando es algo que me parece muy triste.
¿Le genera molestia o más bien decepción?
Estamos dolidos. Yo estoy dolido, sobre todo por el presidente de la Academia Pedro Aguirre Cerda, porque a él lo formamos nosotros.
Pero también hay algo curioso en esta historia: músicos que han pasado por una agrupación y después terminan vinculados a la otra.
Sí, y a mí eso no me molesta. Al contrario. En la Orquesta Filarmónica Antena hay varios chicos que fueron formados con nuestros recursos y con nuestros profesores, y a mí eso me causa alegría. De hecho, pedí un aplauso para ellos cuando estuvieron en otro concierto.
O sea, usted no ve necesariamente como un problema que músicos formados por ustedes terminen participando en la otra agrupación.
Por supuesto que no. Nosotros formamos músicos. Tenemos músicos en todo el mundo, en grandes orquestas, cantantes de ópera, chelistas, cornistas. Eso es justamente lo que hemos querido hacer.
Entonces, ¿qué cree que se rompió?
—Creo que hay personas que están muy mal asesoradas y que esto también habla de la visión que se tiene de la cultura. Nosotros creamos la orquesta y la academia para darle espacio a niños que no tenían la posibilidad de estudiar. Niños como yo, que no tenían ninguna posibilidad de salir de ese medio si no era por el talento y por los profesores que me educaron.
Y ahora una institución que nació en ese mismo entorno termina enfrentada con ustedes.
Eso es lo que me cuesta entender. Creo que esto habla mal de los dirigentes y de la visión que se tiene que tener de la cultura.
¿Hay todavía espacio para recomponer esa relación?
Yo creo que sí. Aquí no hay buenos y malos en la película. Hay personas que están muy mal asesoradas. Nosotros no pretendemos nada más que formar, enseñar y darles oportunidades a los niños.
Y si alguien que fue formado por nosotros hoy está en otra orquesta, a mí eso me alegra. Eso demuestra que el trabajo sirvió.




































