Por: Valentina Echeverría O.

Sabores frutales, aromas dulces y dispositivos que prácticamente no dejan el característico olor del cigarrillo. Los vapeadores se han instalado rápidamente entre los adolescentes chilenos, acompañados muchas veces por la percepción de que serían una alternativa menos perjudicial que fumar tabaco tradicional.

Las últimas cifras dan cuenta de la magnitud que ha alcanzado su uso. La Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (EMTJ) 2024, aplicada a 7.204 estudiantes de entre 13 y 15 años, reveló que a nivel nacional un 32,7% había probado alguna vez un cigarrillo electrónico, es decir, prácticamente uno de cada tres adolescentes. En la Región de Coquimbo, la proporción alcanzó un 23,9%, mientras que un 9,5% declaró haberlos utilizado durante los 30 días previos a la aplicación del estudio.

Para el doctor Adolfo Herrera, broncopulmonar pediátrico del Hospital de La Serena, estas cifras resultan preocupantes, especialmente por la percepción de que estos dispositivos representarían una alternativa más segura al cigarrillo.

«Es una falsa percepción. Si bien la cantidad de sustancias dañinas es menor que la del humo del cigarro, los vapeadores también tienen sustancias que son dañinas. Que sean menos no quiere decir que el daño sea menor, incluso en algunos aspectos puede ser mayor», explica.

Pero más allá de los efectos que ya han podido ser identificados, existe otro elemento que preocupa al especialista: todavía no se conocen todas las consecuencias que podría provocar el vapeo después de décadas de exposición.

A diferencia del cigarrillo convencional, cuyos efectos han sido estudiados durante generaciones, los vapeadores irrumpieron de manera relativamente reciente. A ello se suma la amplia variedad de dispositivos y líquidos disponibles, cuyas composiciones pueden diferir considerablemente.

«Estamos preocupados porque no sabemos qué otros efectos negativos se pueden generar a futuro», reconoce Herrera, quien apunta a las dificultades para conocer con exactitud las sustancias presentes en los distintos productos.

El especialista explica que el riesgo es particularmente preocupante durante esta etapa porque el sistema respiratorio todavía no ha alcanzado su máxima capacidad. «Nuestros pulmones crecen y se desarrollan más o menos hasta los 22, 23 e incluso 25 años, y después de eso la función pulmonar comienza lentamente a descender», señala.

Daños conocidos

Aunque todavía haya interrogantes respecto de las consecuencias futuras, Herrera enfatiza que ya existe evidencia de efectos pulmonares agudos y crónicos asociados al vapeo.

«Puede aumentar la posibilidad de tener asma, exacerbar sus síntomas y aumentar la posibilidad de EPOC, que es otro tipo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica que se da en general en los adultos», señala el especialista, quien agrega que también existe preocupación respecto del riesgo de cáncer pulmonar.

El fenómeno contrasta con la disminución que ha experimentado el consumo de cigarrillos tradicionales. En la Región de Coquimbo, la misma encuesta registró un 1,6% de consumo de cigarrillos convencionales, frente al 9,5% que declaró haber utilizado cigarrillos electrónicos durante los 30 días previos al estudio.