Alerta por nuevo brote de Loque Americana

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Por Javiera Escudero

La enfermedad, causada por la bacteria Paenibacillus larvae, es altamente contagiosa y ataca a las larvas jóvenes dentro de las colmenas. Sus esporas pueden permanecer activas por más de 30 años, lo que la convierte en una amenaza persistente capaz de destruir colmenares completos si no se detecta a tiempo.
El reciente brote fue identificado por el apicultor Miguel Guerrero, presidente de la Corporación Apícola Sustentable Elqui, quien relató que el hallazgo se produjo en febrero tras inspecciones en terreno. «Es una enfermedad muy fuerte. La forma más efectiva de erradicarla es quemar todo el material contaminado, incluidas las abejas», explicó.
Guerrero recordó que la provincia se mantenía libre de la enfermedad hasta 2019, cuando se registró un contagio masivo que también afectó a provincias del Limarí y Elqui. En esa ocasión, las pérdidas fueron millonarias y obligaron a la quema de cientos de colmenas como medida sanitaria extrema.
En su caso personal, el apicultor ha debido enfrentar la enfermedad en más de una ocasión. Solo en el brote reciente perdió cuatro colmenas completas -equivalentes a nueve cajones que tuvo que quemar- a diferencia del brote del 2019 donde perdió aproximadamente 30 colmenas, tras una contaminación cruzada. «Uno se confía, pero esta enfermedad se transmite muy fácilmente. Basta no seguir protocolos estrictos para que se propague», advirtió.
El impacto económico es considerable. Según detalló, cada cámara de cría de abejas puede superar los 150 mil pesos, sin considerar el valor de las abejas. «Las pérdidas son enormes, y muchas veces el apoyo estatal no alcanza para recuperarse», señaló, recordando que en un episodio anterior recibió cerca de un millón de pesos como compensación a través de INDAP.
Desde la corporación apícola también apuntan a falencias estructurales en el control sanitario. Critican la falta de fiscalización por parte del Servicio Agrícola y Ganadero, especialmente en el traslado de colmenas entre regiones, lo que podría facilitar la propagación de la enfermedad.
«El problema de fondo es la falta de control y de personal. El SAG no tiene suficientes inspectores, y eso permite que estas enfermedades reaparezcan», afirmó Guerrero, quien además hizo un llamado a fortalecer la regulación y aumentar los recursos para la institución.