A casi dos meses de las intensas lluvias de julio, la destrucción de tramos del acueducto afecta de forma indirecta a cerca de 180 familias de Lomas de Monardez y Quilacán, quienes utilizan el cauce de regadío para sus necesidades domésticas. Dirigentes piden apoyo del Gobierno Regional ante los altos costos de los camiones aljibe.
Por Joaquín López Barraza
Más allá de los daños directos que dejaron los temporales de julio en la Región de Coquimbo, la emergencia mantiene efectos colaterales que aún dificultan el día a día en la zona rural. Uno de ellos es la interrupción del suministro en los sectores de Lomas de Monardez y Quilacán Sur, donde cerca de 180 familias completan casi dos meses sin recibir agua a través del Canal Bellavista.
Si bien el canal está destinado legalmente al uso agrícola, la falta de un sistema formal de Agua Potable Rural (APR) en estos sectores lleva a que los vecinos utilicen y potabilicen esta agua para sus labores domésticas cotidianas, como limpieza, duchas y servicios sanitarios.
La interrupción ocurrió el 14 de julio, cuando las crecidas de quebradas destruyeron parte de la infraestructura de los canales y ríos de la cuenca. Desde entonces, el flujo no se ha restablecido.
Dependencia de
aljibes y alza
de costos
Para enfrentar la contingencia, la Municipalidad de La Serena ha desplegado camiones aljibe y entregado botellones de agua purificada. Sin embargo, la logística resulta acotada para cubrir la demanda total de la comunidad.
Ana María Arancibia, presidenta de la junta de vecinos de Lomas de Monardez, señala que el impacto en los bolsillos ha sido elevado, considerando que tras las lluvias debieron reparar bombas y sistemas dañados. A esto se suma el aumento en el valor del agua repartida por privados: «Antes cobraban 40 mil pesos por los 5 mil litros y ahora piden hasta 80 mil. No tenemos otra fuente de abastecimiento», indica la dirigenta.
Por su parte, Edith Aliaga, secretaria de la junta de vecinos Quilacán Sur, explica que el abastecimiento mediante botellones permite cubrir el consumo básico, pero complica el funcionamiento hídrico de los hogares. «Para cocinar o beber compramos botellones, pero para el uso del baño o el lavado se hace muy difícil. Somos muchas familias en Quilacán, El Rosario y Santa Magdalena que dependemos de esto», comenta.
Riesgo sanitario y
llamado a las
autoridades
A la falta de agua se suman las complicaciones generadas por los anegamientos de julio, que causaron el colapso de fosas sépticas en algunos predios. Con el aumento de las temperaturas, las dirigencias advierten que la falta de agua para limpieza incrementa los problemas de higiene en el sector, por lo que solicitan una fiscalización en terreno por parte de la Autoridad Sanitaria.



































