Luego de semanas de hermetismo, el círculo íntimo de la joven carabinera fallecida al interior de una comisaría rompe el silencio. Relatan un crudo historial de violencia física y psicológica y por eso buscan una sanción penal para su agresor.

La muerte de Ornella Uribe al interior de una comisaría en Coquimbo no fue un hecho aislado ni repentino para quienes la conocían. A semanas de la tragedia, el dolor de sus cercanos se ha transformado en una movilización activa por la búsqueda de la verdad.

«No queremos que su caso quede en silencio», cuenta Kimberly Durán, una de sus mejores amigas, quien detalla los complejos meses que precedieron el triste desenlace.

Su testimonio es desgarrador, pues describe un espiral de violencia marcado por la manipulación y un perdón sistemático que terminó por aislar a la joven de todos sus afectos.

«A raíz de todos estos actos que estaba pasando, de tanta violencia psicológica y física, dejó de realizar las actividades recreativas que hacía: dejó de salir en moto, de bailar cueca, entonces fue muy notorio su cambio, su forma de vestir también cambió demasiado y eso nos daba a entender de que a lo mejor estaba ocultando su cuerpo por alguna razó…».

El aislamiento como señal de alerta

A su juicio, el punto de quiebre ocurrió en marzo, durante la celebración del Día del Motoquero. Porque lo que debía ser una jornada de esparcimiento terminó en una fuerte discusión y una agresión física que llevó a sus amigas a denunciar el hecho ante Carabineros.

«En esta ocasión Ornella pidió ayuda, puesto que estaba siendo víctima de una situación muy violenta y como amiga pensé lo peor», recuerda.

Por lo mismo, a finales de ese mes un juicio derivó en una orden de alejamiento contra la expareja de Ornella. Sin embargo, el papel no fue suficiente para detener el acoso. Según denuncia su amiga, el hostigamiento no paró.

«Era una persona muy amorosa, muy querendona de lo suyo. Pero por lo que supimos este tipo la seguía hostigando, acosando y ella se quita la vida», se lamenta.

Gracias a la visibilización, Kimberly cuenta que fueron contactadas por el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (Sernameg), quien las está ayudando a abordar el caso.

Como amigas y familia, buscan que el caso sea caratulado como suicidio femicida bajo el marco de la Ley Antonia. Esta legislación busca sancionar a quienes, a través de la violencia de género y el abuso, inducen o provocan que la víctima atente contra su propia vida.

La investigación cuenta con un elemento clave, ya que Kimberly conservó los chats y registros de conversaciones con Ornella, material que está en manos de la justicia.

«Afortunadamente, jamás borré nada, así que todo está siendo investigado», confirma.
Las 19 mujeres que integran la rama femenina de la Agrupación Motoquera Cuarta Región ya organizaron una caravana que convocó a más de 100 motociclistas y piensan desarrollar otra, porque el objetivo es claro: que la muerte de Ornella no quede en el silencio.