Sorpresa en feligreses causa noticia sobre lo que enfrenta el Padre Pepe

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Sus cercanos, que por ahora prefieren omitir nombres, hablan bien del sacerdote, a quien no imaginan en algo reñido a lo que dicta su investidura. «Como jefe es muy bueno, tiene buen humor, es más bien callado, nunca habla mal de nadie», nos dice un empleado que ha trabajado con él.

Y no podía ser menos, si es muy conocido, querido y respetado. Tanto, que hasta recibió la distinción Medalla Ciudad de La Serena en 2014.

Hoy es investigado por presuntos graves hechos que habrían ocurrido hace ya varios años. Por lo mismo se le impuso, como medida cautelar, restricciones en el ejercicio público del ministerio sacerdotal.

«Después de una denuncia referida a conductas contra el sexto mandamiento del Decálogo, hechos que habrían ocurrido cuando el denunciante era menor de edad», avisó el Arzobispado.

En sesión del concejo comunal de La Serena, el 13 de agosto de 2014 se acordó «por unanimidad» otorgarle la «Medalla Ciudad de La Serena» al Padre José Manuel Tapia, «en reconocimiento a su dilatada trayectoria sacerdotal y abnegada entrega en su labor religiosa, en beneficio de la comunidad serenense».

Ocho años después el Arzobispado de La Serena inició «un Proceso Administrativo Penal contra el sacerdote, por una denuncia referida a conductas contra el sexto mandamiento del Decálogo, hechos que habrían ocurrido cuando el denunciante era menor de edad. La información de la misma ha sido comunicada al Ministerio Público».

Abuso en
parroquia

La víctima, hoy de 37 años, habría sido presuntamente abusada en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, en La Serena, a comienzo del año 2000, justamente cuando también Hernán Godoy comenzó su lucha para contar los horrores que vivió al interior del Arzobispado a manos del entonces coadjutor y luego obispo, Francisco José Cox.

Por entonces a Hernán nadie le creyó, incluso se burlaron de él. Tuvieron que pasar años, y en el transcurso del viaje a Chile del Papa Francisco, en 2018, decidió nuevamente sacar la voz cuando lo escuchó defender al obispo Juan Barros, acusado de encubrir por décadas al cura Fernando Kara-dima, condenado por abusos sexuales a menores en los años ochenta y noventa.

«Es bueno que queden personas que siguen sacando la voz aun en contra de la adversidad», cuenta Godoy (50), víctima y sobreviviente que sigue esperando justicia y reparación.

El 18 de junio se cumplieron cuatro años desde que realizara la primera denuncia y comenzara una posterior investigación de los abusos del ex arzobispo de La Serena.
«En lo personal, mi lucha contra Cox la conté desde muy chico, pero nadie me escuchaba y en la iglesia se reían, se burlaban. Cuando nos vestíamos de acólitos, por ejemplo, diáconos o ministros de la Iglesia San José, de Juan Soldado de Compañía Baja, nos decían que nos pintáramos los labios porque iba a venir Cox, y ellos se reían».

Respecto a la denuncia de esta víctima y del posterior comunicado del Arzobispado, Godoy comenta que «la iglesia suele mandar estos comunicados muy hermosos, muy de acogida, pero después te das cuenta que no es así. A ratos quisieras una iglesia que te acompañara, que te acogiera, que tuviera más apoyo a las víctimas, pero la iglesia es fría, no es lo que demuestra a través de su escritura».

En todo este tiempo dice haber conocido muy bien a la iglesia, «así que esta persona debe tener mucha paciencia, porque esto demora. A ellos no les importa que pasen años y que tu sigas con esto, que siga luchando porque llegará una avalancha, incluso lo apuntarán con el dedo; pero otros lo felicitarán, lo abrazarán».

Juan Rojas, vocero de la Agrupación de Laicos J23, comenta que el nuevo caso de denuncia en contra de un cura en La Serena es justamente porque «la iglesia, con sus tiempos tan milenarios, no ha aprendido nada. Si bien es cierto que el arzobispo pone a disposición el expediente que ha salido desde Roma, y lo ha dispuesto a los tribunales de justicia, es porque existen méritos suficientes en la investigación para que sea sancionado por las leyes laicas».

Como agrupación esperan «que se haga una investigación rápida y profunda», pero siempre tomando en consideración «la justicia eclesial y que sea sancionado. Y una vez que esto ocurra, poner en manifiesto que a este sacerdote se le otorgó la medalla de la Ciudad de La Serena, así que hacemos un llamado a los concejales, pero especialmente al alcalde, a poner ojo y a no llegar y entregar medallas cuando no se ha desarrollado una investigación acabada».

En tanto, del aludido Padre Pepe (citado con nombre en el comunicado de la Iglesia), no se ha sabido reacción. Vive en una Iglesia, si bien tiene medida de suspensión de oficiar ciertos sacramentos.

Gente que le conoce ha hablado bien de él. Ponen en duda tal comportamiento, pero nadie se atrreve a meter las manos al fuego por su inocencia, como se dice, dejando en cambio que funcione la justicia. «Por ahora rezamos por él para que tenga fuerza y se defienda ante la Ley y ante Dios», nos indica una señora.

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